El otro día, oí a una señora por la calle decir un poco escandalizada (al ver un anuncio de una crema con cannabis que anuncian por la tele en el escaparate de una farmacia), que: “¡A dónde va a llegar la juventud con el tema de las drogas, que ya las meten hasta en las cremas!”. Jajaja.

Es una confusión muy habitual… pero el hecho de que un producto lleve derivados del cannabis, no quiere decir que sea alucinógeno ni que tenga ningún efecto psicotrópico.

El cannabis tiene más de 80 diferentes componentes activos. Uno de ellos, el THC es el que produce el efecto psicotrópico por el que comunmente conocemos esta planta. Pero el activo del cannabis que se usa en cosmética, medicina… es el CBD.

Históricamente se ha usado el cannabis por sus múltiples propiedades beneficiosas como tratar infecciones, inflamación, para aliviar múltiples dolores, etc. Los antiguos egipcios ya lo utilizaban, y en muchas otras culturas también ha sido un imprescindible como medicina… tanto que si pudiéramos ver el “huerto” de los antiguos farmaceúticos, algunos se podrían confundir con una grow shop

Pero no ha sido hasta ahora cuando se han podido aislar esos principios activos para poder utilizarl el CBD por separado y conseguir todos los beneficios que podemos obtener de esta planta, pero a la vez evitando los efectos secundarios de consumir THC.

El CBD o “cannabidiol “ se considera un “súper activo”. Es legal y se han demostrado ampliamente sus efectos terapéuticos para combatir el dolor, la ansiedad o el estrés agudo.

En el cuerpo de los mamíferos (y eso nos incluye también a nosotros) existen receptores específicos del cannabis (tanto en el cerebro como en el sistema nervioso, digestivo, inmunológico, ¡e incluso en la piel!). Por eso pequeñas cantidades de cannabidiol tienen un efecto muy potente y un gran poder terapéutico.

Estos receptores se activan ante los endocannabinoides que produce el propio organismo, como ante los fitocannabinoides de origen vegetal, como los que se obtienen del cannabis.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reconocido que el CBD (o cannabidiol) no es adictivo, ni psicoactivo, y que no es una sustancia peligrosa. Si no que, por el contrario, cuenta con un alto potencial terapéutico.

Actualmente el CBD se estudia como tratamiento para una amplia gama de afecciones, como la epilepsia, la enfermedad de Parkinson, la esquizofrenia, la diabetes, la esclerosis múltiple, y otros muchos males como dolor crónico, cáncer, artritis y reumas, infecciones resistentes a los antibióticos y problemas neurológicos… y un largo etcétera.

En cosmética es también muy interesante porque:

  • Es hidratante y nutritivo. Su aceite contiene casi un 85% de ácidos grasos esenciales como el Omega 6 y el Omega 3.
  • Es antioxidante. Además de ser rico en ácido fenólico y vitamina E, el CBD es uno de los captadores de radicales libres más poderosos, lo cual forma un producto anti-edad excepcional.
  • Es equilibrante. Regula la producción de grasa y ayuda a mantener el equilibrio en la epidermis, por lo que se recomienda en pieles sensibles, grasas o con tendencia al acné.
  • Es calmante y anti-inflamatorio. El CBD o Cannabidiol tiene grandes propiedades antiinflamatorias, analgésicas e inmunoreguladoras. Por eso está especialmente indicado para pieles irritadas, con eczemas y para tratar problemas de psoriasis.

Como todo, el uso del CBD también puede conllevar algunos efectos secundarios, que no suelen ser comunes… pero haberlos, haylos. Los principales suelen ser sequedad en la boca, disminución del apetito, somnolencia, fatiga y diarrea… y se desaconseja en caso de estar tomando anticoagulantes.

Pero como veis la lista de aplicaciones es muy larga… y se siguen descubriendo cada día nuevas propiedades. Por lo que probablemente cada vez veamos más este compuesto en cremas y cosméticos… a pesar de lo que se pueda escandalizar esa señora mayor al verlos ;-)

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