Ropa para ir a misa

La maleta más difícil de hacer al año, es la que hay que llevar al pueblo para Semana Santa, porque lo mismo hace un frescor primaveral, que un frío glacial o un sol achicharrante… o todo al mismo tiempo. No sería la primera vez que acabamos todas quemadas como cangrejos por culpa de un inesperado sol aplastante de mediodía, y que, por la noche nos tengamos que poner el plumas para salir de fiesta porque esté cayendo una buena helada. Lo peor no es que haya que meter ropa para cuatro días para cada una de las tres temperaturas posibles… lo peor es que encima, hay que llevar las versiones para:

  • “andar por el pueblo”, o sea: vaqueros viejos, deportivas viejas y chaqueta de chándal cutre… para poder ir a dar un paseo por los caminos de tierra, ir en bici, ir a la bodega y salir apestando a humo, sentarte en el suelo del parque a comer pipas, ir al bar a jugar la partida y no desentonar con el resto… O cualquier otra actividad rural que quieras hacer los días de diario.
  • “arreglada pero informal”, para las actividades lúdico-festivas, como ir al bingo, al baile… salir por la noche de fiesta… o ir a tomar una caña a alguno de los bares “modernillos” de los pueblos de alrededor.
  • “más arreglada que para ir a una boda”, que es la ropa imprescindible para ir a las misas (o a tomar algo al bar los días en los que el resto de la gente va a misa) y que todo el mundo vea que estrenas modelito.

Y es que, todo el mundo que tenga pueblo sabe que las misas son el equivalente a las “Pasarela Cibeles” del entorno rural.

Lo de ir a la iglesia a rezar solamente es una tapadera para poder fichar:

  • quien no ha ido a misa: “Estará de resaca” o “Siempre ha sido un desharrapado… la oveja negra de la familia. ¡Pobre mujer su madre, que siempre era la primera que iba a comulgar!”
  • quien ha engordado más: “Hay qué ver… qué pena cómo se ha puesto la Conchi. Eso es de los disgustos, te lo digo yo”, “Cómo se estropean los cuerpos…”
  • quien se está quedando más calvo: “Con lo guapo que era ese hombre de joven… Y siempre presumiendo de que su familia tenía mucho dinero, mucho dinero… pero es el que más calvo y más feo está… Si es que de hacerte viejo no te libra tener muchas perras…”
  • quien va sola sin el marido: “Pobre mujer, ¿se estarán separando? Si es que tenía que haberse casado con Ambrosio que siempre anduvo prendado de ella… que es muy feo muy feo… ¡pero bien de tierras que tiene!”
  • quien va vestida de colores aunque se haya muerto su tío ese año: “Esta juventud ya no respeta nada”, “Pobre Felipe… si es que no somos nadie…”, “Ay, señor… llévame pronto”.
  • quien repite modelito del año pasado: “Tanto tanto que presumen de que tienen, y mírala… con lo mismo que trajo para la boda de la Marioli”, “A saber si tendrán pagado el coche ese nuevo que tienen, o lo andarán debiendo…”
  • quien va demasiado arreglada: “Vaya aires que tiene esa… ¿quién se creerá que es?, si su abuelo era pastor…”

En fin… que cualquier cosa vale, para tener después algo de que hablar las dos semanas siguientes…

El caso es que hay que meter nueve combinaciones de ropa en la maleta: ropa cutre para calor/frío/entretiempo, ropa de ir arreglada para calor/frío/entretiempo y ropa de boda para calor/frío/entretiempo)… Más sus correspondientes combinaciones de zapatos. Todo, a meter en una maleta que sería conveniente que pesara algo menos que tú… para que puedas cargar con ella hasta el coche. Más luego, todo lo demás, como la bolsa de aseo y dos paquetes de toallitas húmedas (que son imprescindibles porque en mi pueblo, lo más aconsejable para evitar morir de hipotermia, es intentar ducharse la menor cantidad de veces posible).

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