Este año mi hermana me ha hecho el mejor regalo de cumpleaños de toda mi vida: llevarme a ver uno de los dos únicos sitios del mundo que me gustaría visitar antes de morirme.

Sí, he dicho que solo hay dos sitios que me llamen la atención en todo el mundo, jajaja. Soy una persona a la que no le gusta demasiado viajar y por algún extraño motivo prácticamente nada me impresiona ni nada me llama la atención demasiado.

Uno de los dos sitios a los que me gustaría ir es a Japón, pero obviamente hubiera sido un poco complicado (y caro) para mi hermana llevarme allí de visita sorpresa.

El otro es la catedral de Justo Gallego, que está en Mejorada del Campo (y que os sonará por el anuncio de Aquarius que se hizo súper famoso hace unos años).

 

Puede parecer un sitio raro para visitar, pero es que desde que vi el anuncio la primera vez me emocionó muchísimo… Y no ha dejado de hacerlo nunca. Si he visto el anuncio ciento cincuenta veces (y juro que esto es estrictamente cierto), las ciento cincuenta he terminado llorando, sin excepción, jajaja.

De hecho, cuando digo que quiero ir a ver la catedral de Justo Gallego y la gente me pregunta quién es, sieeempre lloro al explicarlo. Y eso que yo no soy una persona nada llorona… Pero es que es superior a mí. Por eso cuando mi hermana me ha dicho que “el plan para hoy es un plan de llorar”, no he tenido ninguna duda de a donde íbamos a ir.

 

A mi hermana le hace mucha gracia que uno de los dos únicos sitios que quiera ver en el mundo sea una catedral (porque tengo el mismo fervor religioso que una cabra), pero lo que a me impacta tanto de esta historia es pensar lo que una persona es capaz de hacer solo con ilusión.

Me sobrecoge pensar que un hombre que un día dijo “Voy a levantar una catedral”, al que todo el mundo tomó por loco… empezara a trabajar en su idea poco a poco mientras con cosas que sacaba de la basura (porque era el único material que tenía), sin tener nociones de construcción ni de arquitectura, pese a que nadie le ayudara ni creyera en él… y ¡lo haya hecho!

 

Era el loco del pueblo y ahora mismo es su ciudadano más ilustre. Todos se reían de él, pero al final será él único que la historia recuerde cuando haya muerto. Y todo gracias a su constancia y a no haber dejado nunca de creer en su proyecto.

Y es que está claro que nadie nunca ha hecho algo grande pensando en pequeño.

 

En España hay casi cien catedrales, todas ellas diseñadas por los mejores arquitectos de su época que estudiaron cuidadosamente cada detalle antes de mandarlo ejecutar y que fueron decoradas por los mejores artistas que la ciudad pudiera pagar… Y ninguna de ellas nunca me ha sobrecogido tanto como esta catedral de paredes torcidas y mal rematadas, hecha por un labrador a base de desperdicios.

Y es que todas las demás catedrales, sean del estilo que sean (románicas, góticas, mudéjares, modernistas, neoclásicas…) se han levantado con los mejores materiales de la época… pero esta se ha levantado exclusivamente a base de ilusión.

 

Y eso es lo que simbolizan para mí este hombre y su catedral: el poder de una ilusión.

Y es que, a sus 92 años, después de llevar trabajando más de 60 en la construcción de esta catedral, sigo viendo más ilusión en los ojos de ese hombre de la que le he visto a nadie en la vida hablando de cualquier otra cosa.

 

A mi hermana le ha hecho mucha gracia que haya pasando llorando toda la visita. Cada vez que miraba una pared hecha de ladrillos torcidos, una escalera hechas con hierros retorcidos, un arco hecho de piedras irregulares y hormigón, unas vidrieras hechas con trozos de plástico… no podía evitar que se me saltaran las lágrimas.

Puede parecer una tontería, pero para mí visitar la catedral de Justo Gallego ha sido el momento más emocionante de mi vida, porque me parece una demostración absolutamente abrumadora de lo que una simple persona puede conseguir si está lo suficientemente loca como para creer ciegamente en ello.

 

A este hombre todos lo tomaban por loco… pero quizá los locos seamos todos los demás por no permitirnos soñar con conseguir grandes cosas, por dejarnos convencer de esos que nos dicen que algo está fuera de nuestro alcance, o por vivir teniendo siempre los pies en la tierra.

Y por si alguien se lo pregunta: sí, también he estado llorando todo el rato mientras escribía este post, jajaja.