• Pues hay que reconocer que el mérito de vencer la pereza fue exclusivamente suyo. Empezamos a hablar y la verdad es que el tío es muy dulce y muy cariñoso. Iba haciendo acercamientos muy poquito a poco: que si primero te rozo la mano, que si luego te agarro de la cintura, que si te doy un besito en la mejilla, que si luego te doy un piquito…
  • Ohhhhhh ¡¡¡qué mono!!! ¡¡¡Qué cosa tan quinceañera, ¿no?!!!
  • Síííí, jajaja. La verdad es que es muy rico. Y fíjate que yo siempre he sido más de “aquí te pillo, aquí te mato” y normalmente esas zalamerías me dan más pereza todavía porque me suelen parecer muy artificiales. Sin embargo, a este chico se le nota que es que es así de tierno de verdad. Es más, tengo que reconocer que en esta época tan frígida de mi vida, si no llega a ir haciéndolo tan poco a poco, lo hubiera mandado a la mierda. Por mucho que me pareciera un pibón, al final estoy segura de que me hubiera podido la pereza y hubiera pasado de él.
  • ¿Tú crees?
  • Sí. Segurísimo. Porque de hecho, después de llevar toda la noche juntos, mi prima y su chico nos dijeron que se iban para casa… y, al despedirnos, nos dimos los teléfonos y me dijo que vendría a verme a Valladolid este fin de semana…
  • ¡¡¡Halaaaaa!!! ¡¡¡Qué monoooo!!!
  • Sí. Pero calla, que lo mejor es que quedamos en eso y nos despedimos… cuando mi prima nos pregunta totalmente sorprendida: “¿Pero por qué os estáis despidiendo?” Y mirándolo a él directamente, le dice: “¿¿¿No te vienes con nosotros??? Sandra este puente está sola en casa, porque no han venido ninguno de sus hermanos, así que te puedes quedar a dormir con ella sin problema”.
  • Jajajaja. Joder con tu prima. Como mamporrera no tiene precio.
  • ¡Ya te digo! El caso es que cuando lo dijo, yo misma me quedé sorprendida porque no se me había ocurrido ofrecerle ir a dormir a mi casa… cosa que otras veces sería impensable.
  • ¿Y el chico qué dijo?
  • Pues dijo:
    • Si ella me invita, claro que voy encantado.
    • Ah bueno… —le respondí—. No te he dicho nada porque directamente me has propuesto ir a verme dentro de cinco días.
    • Una cosa no quita la otra, ¿no? —me preguntó con cara de cordero degollado.
    • ¡¡¡Pues claro que no!!! —respondió mi prima—. Venga, vamos. ¿Tienes coche o te llevamos nosotros?
  • Jajajaja. ¡Qué crack tu prima! Parece que fuera a comisión con él o algo.
  • Ya te digo, jajajaja.
  • ¿Y al final os fuistéis a tu casa?
  • Sí. Tenía coche propio así que yo me directamente con él a mi casa. Y la verdad es que genial… porque precisamente creo que me había vuelto tan pasota con los tíos porque los últimos con los que me he acostado me han parecido súper fríos. Me daba la impresión de que todo era muy impersonal, muy “sota-caballo-rey”, como que seguían una rutina mecánica pero que les daba exactamente igual que la tía con la que estaban follando fuese yo o cualquier otra… y que ni siquiera les importaría si a medio polvo me hubieran cambiado por cualquier tía aleatoria del universo. No sé como decirte… me sentía como un completo trozo de carne. E, incluso con los que han puesto un poco más de interés, yo estaba completamente apática. No me removían absolutamente nada.
  • ¿¿¿Y este sí???
  • Pues sí, la verdad. Es taaaan mono, taaaan cariñoso. Te mira a los ojos con una ternura… que te da como “tranquilidad por dentro“. No sé como explicarte.
  • Buenooooooo, por favor. ¡Sandra! ¿¿¿Te has enamorado???
  • Jajajaja. No te pases. De momento no estoy tan grave. Pero es verdad que me gusta muchísimo. Me hizo mucha gracia porque normalmente yo para dormir soy súper despegada y me quedo sola a una punta de la cama, y me dijo: “Jooo, pero no te separes. Que quiero dormirme abrazado a ti”. ¡Es como un oso amoroso gigante! Cada vez que se daba la vuelta en la cama, me daba un beso y volvía a achucharme, para quedarse pegado a mí, jaja. ¡¡¡Más ricoooo!!! La verdad es que estuve súper SÚPER a gusto con él. Hacía mucho tiempo que un tío no me gustaba tanto. Pero mucho muuuuuuuuucho tiempo. De hecho, por la mañana la que no se despegaba de él, era yo.
  • Ohhhhhh, ¡qué guay! Entonces, ¿al final va a venir el fin de semana?
  • No, porque luego nos dimos cuenta de que este finde el domingo son las elecciones… y hay que ir a votar.
  • Pero eso no lleva todo el día. Podrías ir a votar por la mañana de un momento y que él vote cuando vuelva a su casa por la tarde.
  • En teoría sí, pero es que mis amigas y yo nos pasamos todo el día votando, porque hacemos “la fiesta de la democracia”. Nos vamos al primer colegio electoral donde está censada la primera de la pandilla, vota… y cuando termina nos vamos a tomar un pincho y una caña. Luego vamos al colegio electoral de la siguiente, vota… y nos tomamos otro pincho y otra caña. Como cada una somos de un barrio, a lo tonto nos recorremos todo Valladolid de punta a punta. Es una manera de conseguir que las que son unas vagas y les da pereza ir a votar, lo hagan. Eso sí, tenemos que llevar el voto claro de casa porque cuando le toca a la última, llevamos todo el día bebiendo y tenemos un pedo más que considerable. Por eso le dije a este chico que no viniera el finde.
  • ¿Y va a venir el próximo?
  • Tampoco, porque el sábado yo me voy Santander porque es la Feria del libro y tengo firma a las 12 de la mañana… Así que ya iremos viendo como quedamos, porque puede que vuelva a ir yo al pueblo antes de que venga él.
  • ¿Pero habéis seguido hablando por Whatsapp?
  • Sí. Hablamos casi todos los días.
  • Uhhhhhh. Sandra tiene novio, Sandra tiene novioooooo…
  • ¡Que no tengo novio, idiota! Aunque… tengo que reconocer que no me resultaría desagradable pensar en tenerlo.
  • O_O
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