• De repente veo que mi prima se planta delante del tío y le dice:
    • ¡¡¡Hola majo!!! ¡Cuanto tiempo! ¿Qué haces? ¿Tomando algo con tu chica?
  • Joder… pues para estar borracha, estuvo muy hábil y fue bastante sutil.
  • Sí sí. Sobre todo porque al día siguiente, sobria, me reconoció ¡¡¡que no había hablado con ese tío en su puta vida!!! O sea, que se conocen de vista porque allí se conoce todo el mundo, pero que jamás habían hablado antes.
  • JAJAJAJAJAJAJAJA. Me meo. A tu prima el alcohol le da superpoderes…
  • Pues eso parece. El caso es que le pregunta si está tomando algo con su chica, y el tío responde:
    • No, ya no estamos juntos. Lo dejamos hace un par de meses —a lo que mi prima, responde rauda y veloz:
    • Vaya por dios. Lo siento mucho…. ¡¡¡PUES YO ESTOY AQUÍ DE FIESTA CON MI PRIMA!!! —y, mientras suelta eso, me empuja un poco contra él.
  • ¿Y el tío sabía quién eras?
  • No. Bueno, sí. Quiero decir que sabía quien era pero no me conocía.
  • No te entiendo.
  • O sea, que el chico sabía que la tía con la que se había liado en mi pueblo era la prima de mi prima… o sea, yo. Pero no me había reconocido. Así que, cuando mi prima le dijo eso y el tío me identificó, de repente se quedó blanco, me miró con los ojos como platos y me dijo:
    • ¡Perdona! No me había dado cuenta de que eras tú… ¡Lo siento muchísimo! Yo, yo… no te había reconocido. Estás… no sé… distinta… Antes no eras así. ¿No tenías el pelo rizado, pelirrojo y a media melena?
    • Sí, jajajaja.
    • Ufff, pues es que cambias un montón… No te había conocido, de verdad… Perdóname.
    • No pasa nada, jajaja. A mí me ha pasado lo mismo. Yo tampoco te había reconocido a ti.
  • ¿¿¿En serio???
    • Sí. Yo también te recordaba diferente. Sin barba, con el pelo más largo y engominado…
    • Es verdad, jajaja. En aquella época tenía un estilo más clásico. Ahora voy más de sport… aunque tampoco tanto como hoy, que voy en sudadera porque hemos estado haciendo una barbacoa en la bodega de un amigo… y no pensábamos salir.
    • Jajaja. Nosotros llevamos ya dos bodegas y mañana puede que hagamos otra. Menos mal que me vuelvo el lunes porque, si llego a estar aquí un mes de vacaciones sin parar de comer, iba a terminar pareciendo un manatí.
    • ¡No digas bobadas! Si estás estupenda. Yo te veo mucho más guapa que antes. Te han sentado genial los años… y el pelo así te favorece mucho más.
    • Tú también estás mucho más guapo ahora.
    • Oye, pues qué bonito que después de tantos años, nos hayamos vuelto a ver y nos hayamos vuelto a gustar sin habernos reconocido, ¿no?
    • Jajaja. Sí. La verdad es que tiene su gracia.
  • Ohhhhh, ¡pero qué bonitooooo! ¡Es una historia como de película de fin de semana de después de comer! Me mola mucho esta historia… ¿Y luego qué pasó? ¿Que como con ese ya tenías confianza te dio menos pereza llevártelo al huerto que a otros?
  • Pues no. La verdad es que aún así, me seguía dando la misma pereza.
  • ¿Entonces?
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