• Pues resulta que llegué al pueblo el miércoles por la tarde y casi no había gente. Mi pueblo es muy pequeño y normalmente solo hay cuatro gatos, pero en semana santa y puentes sí que nos juntamos unos cuantos y hay ambientillo. Pero esta vez, no sé muy bien lo que ha pasado, pero no han ido ni los habituales de siempre. ¡Por no ir, no ha ido ni mi hermana!
  • Jolín. Pues chica… qué panorama más triste… porque si en un pueblo ya hay poco que hacer con gente, si encima no hay nadie… ¡Prfff!
  • Y si llueve todos los días, pues imagínate. ¡Todo el día en el bar con mi prima y su novio, comiendo pipas! Menos mal que el jueves organizamos una parrillada en la bodega de otro chico del pueblo y por lo menos se nos hizo más amena la tarde. La verdad es que nos lo pasamos tan bien, que el viernes planificamos otra.
  • Vamos, que has venido con el colesterol a dos mil… Porque no creo que hayáis comido ensaladitas y tofu..
  • No no, claro. Panceta, chorizo, churrasco, morcilla… Todo así. El sábado estábamos ya un poco saturados de llevar todo el puente comiendo, así que decidimos cambiar de aires y salir de fiesta. De hecho, mi prima me dijo lo mismo que me has dicho tú hace un momento… que a ver si encontraba algún tío que me gustase porque llevo tanto tiempo sin liarme con nadie que me va a cerrar el agujero en falso.
  • Jajajaja. ¿Y qué pasa? ¿Que cuando te lo dijo ella sí te pareció un buen plan?
  • No no, tampoco. Le dije que pensar en tíos me da una pereza que me muero. De hecho llevo más de dos meses sin molestarme ni siquiera en depilarme… y lo peor es que me da exactamente igual seguir así. Pero independientemente del tema de los tíos y de ligar, salir de fiesta sí que me apetecía… así que me apunté y nos fuimos los tres de fiesta: mi prima, su chico y yo. Habían quedado con unos amigos suyos en un bar que se ha puesto de moda por la zona… así que cogimos el coche y fuimos para allá los tres. Y la verdad es que era un sitio me sorprendió porque estaba bastante guay. Bien decorado, con una música molona…
  • ¿Y había tíos buenos?
  • ¡Qué va a haber! Si es que no existen. Según mi apreciación, el 90% de los tíos que viven en el entorno rural están súper abandonados: no se han dado una crema en la vida, el que no tiene sobrepeso es porque ya pasa directamente a la obesidad, van peinados y vestidos con camisas de cuadros clásicas de la época de nuestros padres… Vamos, ¡un completo desastre! De hecho, a mí siempre que me presentan a alguien y le calculo cuarenta y pico años resulta que no llega ni a los treinta…
  • ¡Jajaja! Sé como dices, porque en mi pueblo pasa lo mismo… la gente que vive allí aparenta diez años más de los que tiene ¡como mínimo!
  • Sí. Y la verdad es que no me extraña, porque si yo he estado allí cuatro días y no me he peinado ninguno y he cogido casi tres kilos porque no he parado de comer… ¡imagínate si viviera allí de forma permanente! Me convertiría en un zurullo desgreñado en menos de cuatro meses.
  • ¡Jajaja!
  • En fin… el caso es que estábamos bebiendo y bailando tan felices y, en uno de los viajes que dí al baño, de repente lo vi apoyado contra la pared del fondo del bar: un pibón monumental que parecía un oasis en medio del desierto y cortaba la respiración con solo mirarlo.
  • ¿¿En serio era para tanto??
  • Mediría metro noventa y pico, pelo cortito y despeinado, barbita de un par de semanas, sudadera de deporte pero chula de salir arreglado, vaqueros rotos a la rodilla. Vamos, muy moderno y muy casual para ser de la zona.
  • ¿¿¿Y le dijiste algo???
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