Ayer fue la vuelta al trabajo, después de un largo puente (en Castilla y León, además del jueves y el viernes, también era fiesta el este martes… así que muchos no trabajamos el lunes).

Entre llevar tantos días sin hacer nada y este tiempo tan gris y lluvioso, me costó horrores levantarme para ir a la oficina. Y con que “me costó mucho” quiero decir que me dormí y he llegué casi una hora tarde. 🤦‍♀️

Cuando llegué a la oficina, una de mis compis justo dijo que bajaba al bar a tomar un café y, a pesar de que había tomado uno antes de salir de casa, no dudé ni un momento en reengancharme con ella para tomar otro.

Una vez en el bar de abajo, me dijo:

  • Que sepas que este puente me he estado leyendo tu libro nuevo y me moría de la risa leyendo todas las aventuras… ¡Es como si me las estuvieras contando tú misma en persona! Sé que este libro no está basado totalmente en hechos reales, pero como siempre te pasan cosas tan surrealistas con los tíos es imposible saber cuales tienen más porcentaje de verdad y cuales son totalmente inventadas. Bueno… mejor dicho: “te pasaban” cosas surrealistas con los tíos. Porque desde que estás con nosotras en la oficina, y ya va a hacer un año, ni siquiera te hemos visto interesarte por nadie. ¡Y mira que ha habido viernes que hemos salido de cañas hasta las mil y te hemos presentado amigos! Incluso por aquí han pasado tres camareros diferentes, y uno muy mono que le ponía ojines… y tú pasando.
  • Ya. Es verdad. Llevo un montón de tiempo así de apática. Te diría que un par de años por lo menos… Parece que me hubieran castrado químicamente. No tengo ganas de nada. Solo de pensar en estar con un tío me entra una pereza horrorosa…
  • Pero yo no te hablo de salir con nadie… te hablo de un “aquí te pillo, aquí te mato”.
  • Ufff, eso me da casi más pereza todavía.
  • Pero tía, ¿qué te pasa para que estés así? Porque todas pasamos por épocas en la que estamos más perezosas para conocer gente… pero tú llevas ya muchísimo tiempo en plan monja. Como sigas así mucho más tiempo, te vas a volver asexual.
  • No te preocupes, que no es tan grave… que este puente me han vuelto a meter en el mercado, jajajaja.
  • 😳 ¿¿¿En serio??? ¿¿¿Con quién??? ¿¿¿Cuándo??? O sea… ¿tú no te habías ido al pueblo?
  • Sí.
  • ¿Y no decías que en el pueblo no hay ningún tío te llame la atención?
  • Y es verdad. Nunca he estado con nadie del pueblo… ni siquiera de la comarca. La única excepción fue cuando hace seis años, en fiestas, me lié con un chaval que apareció por allí, que debía ser de un pueblo de alrededor pero que yo no había visto nunca… y es raro, porque el tío era un dios griego que llamaba la atención. Me encantó aunque no era nada de mi estilo, porque a mí me gustan los tíos muy de sport y este iba súper afeitadito, vestido con un polo bastante pijo, engominado…
  • Juraría que esa historia me la has contado alguna vez… ¿es un tío al que decías que tu hermano le intentaba cizañar para que no se fuera contigo?
  • No exactamente. Mi hermano cizañaba a su amigo, porque era el que se pensaba que me gustaba… jajaja.
  • ¡Eso! ¿Y mientras tanto tu hermana intentaba liarte con una tía?
  • Síííí, jajaja. Y lo peor es que nos conseguimos escapar los dos solos sin que nos viera nadie, que parecía lo más complicado… pero al final se enteró todo el pueblo, porque llegamos con el coche hasta la entrada de la peña cuando estaban todos a la puerta: mi hermana, mi hermano, mi prima, el novio de mi prima… Bueno, y toda la juventud del pueblo al completo, jajaja.
  • ¡Sí sí! Si ya te digo que esa historia sí que me la sé… aunque no sé de qué
  • La habrás leído, porque la conté en el libro de “Se me pasa el arroz pero no el conejo”… porque es total.
  • Bueno, pero no te despistes ahora reviviendo glorias pasadas que ya no le interesan a nadie. Vamos a lo que importa… ¿¿¿A quién has conocido estas vacaciones???
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