No sé si es por estos cambios de tiempo tan tontos que estamos teniendo (que si un día hace frío y otro calor, que si por la mañana llueve, por la tarde hace sol, por la noche otra vez llueve…) o porque después de llevar dos semanas frenéticas, sin parar de viajar de un lado para otro para hacer firmas de libros y de organizar algún evento que otro… he parado de golpe, y eso siempre pega un bajón de defensas… Pero sea por lo que sea, me he cogido un señor catarro.

Me he pasado tres días sin salir prácticamente de casa y totalmente afónica, emitiendo unos ruidos que estaban más cerca de los ultrasonidos que emiten los silbatos para perros que de palabras humanas. Ayer me llamó Espe pero tuvimos que colgar al medio minuto porque yo tenía una voz taaaaan aguda (como de de pitufo makinero después de chupar un globo de helio) que el pobre no me entendía nada.

Así que a lo tonto y a lo bobo llevo casi tres días sin poder hablar, ¡¡¡lo cual para mí es una completa tortura!!! :-(

Después de que ayer me pasara todo el día tomando infusiones calientes de tomillo, miel y jengibre, hoy he amanecido ronca. Lo cual es una gran mejora, porque por lo menos ya se me oye… así que, en vista de mi recién recuperada voz, he llamado a Espe para retomar la conversación que no pudimos tener ayer. Pero no ha podido cogerme el teléfono y me ha dicho que ya me llamaría él en un rato.

Como yo ya no aguantaba más tiempo callada y sin comunicarme con el mundo, he llamado a Olga, que era la segunda en mi lista de “gente pendiente por llamar en cuanto recuperase la voz”. Ella sí me ha cogido el teléfono en cuanto la he llamado y me ha dicho:

  • ¡Hola Sandri!
  • ¡Hola neni! – le he respondido con voz de ultratumba –
  • ¿Y esa voz? ¿Te acabas de despertar de la siesta?
  • No, jaja. Es que tengo catarro y estoy un poco ronca…
  • ¿Un poco ronca? Si al coger el teléfono no sabía si me llamabas tú o Constantino Romero…
  • Jajaja.
  • ¿Y qué te cuentas? Porque supongo que algo gordo tendrás que contarme para llamarme teniendo esa voz… ¡¡Ay dios!! No me digas que has conocido a un tío nuevo, te ha encantado, se te ha pasado la frigidez de golpe y te lo has tirado este fin de semana. ¿A que es eso? ¿¿¿A qué he acertado???
  • Nooooo, jajajaja. Nada más lejos de la realidad…
  • Ay dios, ¿¿a uno viejo?? ¿¿A el que te presentó Esteve el otro día?? ¿¿¿¿A Javi???? Por favor, que sea Javi…
  • Jajajajaja, que nooooo. Que no tengo nada que contarte. Que no me ha pasado nada. Solo te llamo porque sí. Pero sigo igual de frígida mental.
  • ¿Seguro?
  • Sí. De todas maneras, ¿por qué se te ha ocurrido pensar en Javi? Jajajajajajaja. Si hace mil años que no lo veo. ¿Qué te ha llevado a pensar en él?
  • Hummmm, no sé. Creo que porque yo misma prefería que fuera Javi, que siempre estuviste muy a gusto con él, que no otro gilipollas que te trate de una forma más dudosa… como Tara Malikian, o Héctor.

  • Hostia, ¡¡¡Héctor!!! Espera, que sí que tengo algo que contarte, pero se me había olvidado.
  • ¿Sobre Héctor?
  • Sí. Me escribió el otro día para decirme que si quería quedar con él a tomar algo.
  • ¿Cuando?
  • El miércoles. Es curioso porque llevaba mucho tiempo sin pensar en él hasta que hablé de él contigo el otro día… pero parece que cada vez que hablo de él, lo invoco y vuelve a reaparecer. ¡Manda huevos!
  • ¿Pero qué te dijo?

 

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