Después de que hace diez días volviera de unas tranquilísimas vacaciones familiares con mis amigos, estuve toda la semana pasada:

  • poniéndome al día en el curro
  • haciendo cosas de maruja (poner mil lavadoras, haciendo compra, cocinando, etc)

Y este fin de semana me lo he pasado enteeeeeero de fiesta para resarcirme del exceso de “familiaridad” y de “tranquilidad” de las susodichas vacaciones… y para ver si las repetitivas canciones de reggeaton sirven para algo útil en la vida y me sacaban de una vez de la cabeza el repertorio completo de los grandes éxitos de “Los payasos de la tele”. 😩😩😩

 

Ya no soy la que era, y me falta mucha práctica en el tema de salir de fiesta… así que llevo dos días ronca y moribunda de resaca, sin ganas de hacer nada más que estar tirada en el sofá luchando por respirar. Pero ayer por la tarde, cuando me escribió Maca para decirme que acababa de volver de sus vacaciones (ella se había ido antes que yo), hice un poder, levanté el culo del sofá, y quedé con ella para ponernos al día.

  • Sandraaaaa, ¡por fin! ¡Qué ganas tenía de verte! ¡Tengo mil cosas que contarte! No he parado ni un minuto en todas las vacaciones…

Se pasó casi tres horas contándome todas las cosas que había estado haciendo. Y cuando por fin terminó, me dijo:

  • ¿Y tú? ¿Qué has hecho?
  • Nada.
  • ¿Cómo que nada? Algo habrás hecho.
  • No. Nada de nada. Han sido unas vacaciones hiper mega tranquilas. Estáticas incluso, diría yo. Todo el día en casa, algún rato a la playa a estar tirados en la arena, otra vez vuelta a casa… y así todos los días.
  • ¿Pero no ibais a Conil? ¿Por qué no has salido de fiesta aunque fuera tú sola? ¡¡En Conil hay muchísima fiesta!!
  • Había, en tiempo pasado, querrás decir… porque este año han decidido poner toque de queda y a las 2 de la mañana cierran todos los bares, y las discotecas a las 3.
  • ¿¿¿¿Pero qué me estás contando????
  • Así como lo oyes. El caso es que fuimos a Conil porque muchos de mis amigos han estado allí antes y se lo han pasado genial de fiesta. Así que, el primer día salimos con toda la ilusión y nos quedamos con un palmo de narices cuando a las 3 y pico nos tocó volver para casa. De vuelta a casa, el taxista nos dijo que han puesto ese horario porque el turismo en Conil se estaba desbarrando cada vez más y no quieren que se convierta en el próximo Magaluf, y que con esa medida pretenden que sea una zona de turismo más familiar. Y efectivamente parece que lo van a conseguir, porque al menos el día que salimos nosotros, por la calle no había ni Rita.

  • Joder, me dejas flipada. Yo me imaginaba que yendo con padres con niños pequeños no ibas a estar todo el día de juerga, pero chica, por lo menos pensé que ibas a conseguir liarlos para salir un par de días… aunque no te aguantaran mucho el ritmo.
  • Uy, fíate tú de los padres. ¡¡¡Son los peores!!! Como no salen de fiesta nunca, el día que salen lo dan todo y son los últimos en querer volver para casa. Me acuerdo que la última vez que fuimos de vacaciones todos juntos, fue hace ya tres años, y solamente una pareja tenía una niña pequeña… y precisamente el padre de la criatura era el que todos los días nos intentaba liar para salir de fiesta, y los demás no queríamos porque estábamos cansados y nuestra casa pillaba a tomar por el culo de la zona de fiesta. Al final consiguió salir de fiesta un día utilizando la excusa de que era mi cumpleaños y había que salir para celebrarlo. Pero cuando se animaron era ya tan tarde que yo ni siquiera quise ir y me quedé en casa durmiendo, en vez de ir con ellos.
  • ¿Cómo? ¿Que tus amigos salieron de fiesta para celebrar tu cumpleaños mientras tú te quedaste en casa durmiendo?
  • Sí, jajajajaja.
  • ¿Y luego protestas de que no te pasan cosas interesantes en vacaciones? ¿Cómo quieres tener aventuras que contar si no sales de casa?
  • Pues te equivocas completamente. Precisamente ese día, habiéndome quedado durmiendo tan tranquilamente en casa, me pasó la historia más loca de toda mi vida… ¡¡¡y ya es decir!!!
  • Jodo. Ya lo creo que ya es decir, porque chica… te ha pasado cada cosa rara… ¿Es más raro que lo de Tara Malikian?
  • Sí, jajajaja.
  • ¿Más raro que lo del tío que fue a ver contigo las estrellas?
  • Uy, sí sí. Muchísimo más.
  • ¿Pero de qué va el asunto?
  • Mis amigos y yo la llamamos “la historia del yogurín surfista”.
  • Hummmm. Suena interesante…
  • Jajajajaja. Sííííí. Es una aventura que recordamos cada vez que nos juntamos porque es totalmente surrealista. Y a pesar de que la hemos rememorado mil veces, cada vez volvemos a reírnos como si fuera la primera, porque no hay un solo detalle que no tenga desperdicio.
  • ¿Y eso? ¿Qué pasó? ¡Cuéntamela!
  • Ufff, es que es un poco larga. Y además es una historia que mola más si te la cuentan por separado cada uno de los protagonistas porque cada uno de nosotros vivimos la noche de una forma diferente… y la gracia es oírle a cada uno su versión de la historia por separado.
  • ¿Pero no dices que os habéis contado todos la historia veinte veces? A estas alturas seguro que te sabes de memoria las versiones de tus amigos. ¡Cuéntamelas todas!
  • Eso es verdad.
  • ¡Venga, cuéntamela! No me puedes dejar ahora con la intriga de saber qué leches te pasó aquella vez para que digas que es lo más raro que te ha pasado en la vida…
  • Bueno, pues venga, voy a intentar contártela lo mejor posible. Empiezo con mi versión de la historia…
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