Mañana, después de mes y medio de haber pedido la cita, tengo consulta de traumatología y no puedo ni dormir sólo de pensar en ello. ¡Odio ir al traumatólogo! Lo paso fatal y siempre me hacen muchísimo daño.

La primera vez que se me salió la rótula fue porque estaba sentada con las piernas estiradas, una amiga se apoyó justo en mi rodilla, y ¡rodilla fuera! Así que desde ese momento le cogí mucho miedo a que me toquen la rodilla teniendo las piernas estiradas. Ese miedo fue a peor cuando se me volvió a salir la rótula en posteriores ocasiones… y cuando me operaron se convirtió definitivamente en una fobia. Y cuando digo fobia, quiero decir exactamente “fobia”: o sea un miedo irracional e incontrolable. Ahora ya ni siquiera soporto estar con las piernas estiradas si hay alguien cerca de mí. En cuanto noto que hay alguna persona a menos de un metro de distancia, doblo la pierna. Ni siquiera me doy cuenta de que lo hago… es algo instintivo que me sale solo, para protegerla. Así que, teniendo en cuenta que apenas soporto que alguien esté cerca de mí teniendo las piernas estiradas, solo de pensar en que tengo que ir al traumatólogo y que la vaya a intentar tocar, es que me pongo mala. ¡Pero mala, mala… que hasta me mareo solo de pensarlo!

Cada vez que voy al traumatólogo es la misma historia: nada más llegar me dicen: “Túmbate, que te voy a agarrar la rótula y a movértela de un lado para otro a ver con que facilidad se te sale”. Sí, claro, no soy capaz de dejar ni que posen la mano encima, voy a dejar que me la agarren, con la intención de sacármela… Imposible. “¿No hay otra manera de poder evaluarme? Mandarme hacer ciertos movimientos y ver si soy capaz de hacerlos, o lo que sea?”. Pues parece que no. Todos los traumatólogos se empeñan en que tocarme es la única manera de saber como tengo la rodilla, y al final termino teniéndome que dejar agarrar la rótula sí o sí. Encima, que nadie se piense que por tener fobia intentan ser más delicados o más comprensivos… No no. Si no te dejas explorar a su manera te dicen que te marches para tu casa y una cosa menos que tienen que hacer. Así que, claro, como ya sé que me van a hacer daño, me pongo súper tensa y al intentar moverme la rótula con los músculos rígidos me hacen muchísimo más daño todavía. Tanto que, después de cada consulta, me puedo pasar varios días cojeando de lo dolorida que se me queda la pierna. Y para colmo a ellos tampoco les sirve de nada, porque al explorarme estando tan rígida tampoco les sirve para saber como tengo la rodilla en realidad. Pero aunque les avise de antemano de lo que va a pasar (porque es lo mismo todas las veces), me da igual… porque una vez tras otra, se empeñan en que me tienen que explorar, y una vez tras otra me quedo dolorida sin que sirva para absolutamente nada.

 

Compartir:
Personajes: ,