Bueno, pues después de todo no ha ido tan mal la visita al médico como yo pensaba.

Esta mañana temprano me escribió mi hermana para decirme que se ha pedido el viernes libre para venir a pasar un finde largo y que estaba de camino, así que si quería me podía pasar a buscar para llevarme a la consulta del traumatólogo y luego ir juntas a comer a casa de mis padres. Le he dicho que sí porque me ha parecido genial la posibilidad de tener chófer gratis, porque la consulta me pilla demasiado lejos para ir andando, y coger un autobús yendo con muletas siempre es un coñazo…porque la mitad de las veces los conductores arrancan antes de que te de tiempo a sentarte, y como al ir con muletas no te quedan manos libres para agarrarte a ningún sitio, si arrancan antes de que te haya dado tiempo a sentarte (cosa que pasa más veces de las que cabría pensar) y todavía estás de pie, te las ves y te las deseas para no caerte… así que es una situación que te genera un estrés horrible.

Como al llegar al centro de salud hemos conseguido aparcar a la primera, me ha acompañado a la consulta. Al entrar, lo primero que ha hecho la traumatóloga ha sido empezar a preguntarme qué era lo que me pasaba exactamente en la rodilla, y mirar un poco mi historial. Luego me ha pedido que me tumbara en la camilla, y hemos empezado con la cantinela de siempre:

  • Estira la pierna, que te voy a explorar.
  • Prffff, perdona… pero es que no soporto que me toquen la rodilla.
  • Tranquila, que no te voy a hacer daño. Solo quiero ver si esa inflamación que tienes es líquido. No te voy a tocar la rótula.
  • Vale, pero va a tener que ser con la rodilla medio flexionada… porque no puedo estirarla si sé que me vas a tocar. Lo siento, pero es que de verdad que es superior a mí…
  • Bueno, no pasa nada, es normal. Todos los que tenéis rótulas inestables y se os ha salido alguna vez reaccionáis igual.
  • ¿En serio? —Le preguntó la chica que estaba al lado, que debía estar de prácticas—.
  • Sí, sí. Lo hacen todos. —Le respondió la médico—. Unos de una forma más exagerada que otros, pero ninguno se deja explorar con normalidad.
  • Entonces, ¿no te dejas tocar nunca las rodillas? —Me preguntó a mí—. ¿Ni siquiera a tu novio?
  • No. Con las piernas estiradas no dejo que me toque las rodillas absolutamente nadie. Pero aún así, son cosas totalmente distintas, porque cuando un médico me quiere tocar la rodilla es para comprobar si se me sale fácil, y cuando me la toca un tío es por posar la mano en algún sitio para ir subiéndola después… así que ni si quiera se fijan en si está doblada o no. Pudiendo tocar una teta no suelen centrarse mucho en una rodilla.
  • Jajaja, ¡que graciosa! Visto así… Pero es que yo nunca había visto a nadie que le pasara eso.
    Pues se llama aprehensión, y es muy normal en pacientes con inestabilidad rotuliana. —Le volvió a decir la médico—. Es verdad que en ella es más exagerado que en la mayoría, pero ya irás viendo como en mayor o menor medida lo hacen todos.
  • Yuhuuuu, ¡qué bien! ¡Por fin me ha tocado una médico comprensiva!
  • Bueno… pues ya está. Te voy a dar cita para rehabilitación porque la mejor solución para esa rodilla es que cojas mucha fuerza para compensar con masa muscular lo que no te sujetan los ligamentos… Porque la otra solución sería operar pero yo solo te aconsejo hacerlo en un caso extremo porque sería una intervención muy agresiva: habría que sacarte la rótula, cortarte un ligamento de la parte posterior para reconstruirte los de la parte delantera, recolocarte los huesos, y luego ponerte una prótesis en vez de tu rótula y fijarla con tornillos. Es bastante probable que quedaras peor después de la operación que antes… o, por lo menos, que tuvieras con muchos más dolores.
  • Uffff, deja deja. Que solo con decírmelo me he puesto mala. Prefiero intentarlo con la rehabilitación. Si llevaba bien diez años, espero recuperarme y aguantar bien otros tantos…
  • Perfecto. Pues vete con este volante a ventanilla y te darán cita con el fisio para la semana que viene.
  • Genial. ¡Muchas gracias!

Ahora a esperar una semanita para que me vea el fisio y por fin me manden a rehabilitación. Ojalá sea tan majo como esta, porque así da gusto ir al médico. Sin necesidad de broncas, ni de ataques de pánico, ni de tener que dar patadas voladoras.

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