Esta vez, entre polvo y polvo también estuvimos hablando bastante. Me preguntó que tal tenía la rodilla y le estuve contando que este jueves tengo cita para empezar (por fin) rehabilitación. A las cinco de la mañana le empezó a sonar el móvil:

  • ¿No piensas cogerlo?
  • No. Es mi ex para preguntarme dónde estoy y quedar un rato. Y no me apetece. Últimamente se está pasando conmigo un poco más de la cuenta…
  • ¿Y por qué no la mandas a la mierda?
  • No sé. Porque no creo que fuera capaz. Ya sabes que yo soy muy pacífico y no me gusta meterme en movidas… y ella lo sabe y precisamente por eso se aprovecha. Me hace el caso justo para que yo se lo siga haciendo a ella…Creo que hasta que no esté con otra tía, no va a dejar de comportarse así conmigo.

Volví a pensar en que sería una pena que se echara una novia petarda, y me acordé de Cayetana.

  • ¿Sabes? Ahora que dices eso, tengo una amiga con la que creo que harías muy buenas migas… ¡Creo que podríais gustaros! Espera, que voy a buscar una foto de ella y te la enseño, a ver que te parece…

Casi se le salen los ojos cuando le dije eso. Pero antes de que hubiera reaccionado y me dijera algo, ya le había plantado delante una foto de Caye.

Cuando se marchó por la mañana y encendí el teléfono vi que tenía un mensaje de Diego diciéndome que a ver si para otro día nos vemos más rato, porque al final por una cosa o por otra, cuando coincidimos nunca conseguimos estar hablando ni cinco minutos seguidos.

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