La semana pasada mi padre escribió en el grupo que tenemos todos juntos para preguntarnos si este puente íbamos a ir al pueblo, porque si íbamos todos, podíamos aprovechar para vendimiar… y ya de paso, hacer una bodega.

El plan me pareció guay porque hace mucho que no nos juntamos todos (y eso que solo somos cinco), así que anoche llamé a mi hermana para concretar con ella los detalles del viaje.

Nada más cogerme el teléfono me dijo:

  • ¡Hola sister! ¿Qué tal llevas la reforma?
  • No la llevo. Desde el domingo no he vuelto a tocar nada. Entre semana tengo mucho curro.
  • Casi me meo de risa el otro día con lo de que ahora lo ves todo tan gris que pensabas que eras daltónica.
  • Calla calla. No veas que rayada de cabeza tengo con eso… Llevo tres día dándole vueltas para ver cómo lo puedo solucionar.
  • ¿Por qué? ¿Cual es el problema? Quiero decir, que si lo ves todo demasiado gris, pues mete colores, ¿no? O sea, no colores al tun tún, pero algún color que combine bien con el gris y que le de alegría.
  • Ya. Eso fue lo primero que pensé, porque ya llevo tiempo queriendo darle al salón un toqué de algún color un poco chirriante, como el fucsia o algo así. Pero es que, por otro lado, me parece que los colores estridentes, aunque dan alegría, quitan paz. Quiero decir que me parece que las casas con colores más neutros son como más acogedoras, ¿no?
  • Hummm, sí, puede ser.
  • Así que llevo todo el día venga a darle vueltas, porque he visto un cuadro de mil colores que me gusta, pero claro, luego el mantel me tendría que combinar, y las fundas de los cojines… y es un jaleo. Así que creo que al final lo voy a seguir dejando solo en tonos grises y verdes, con algún toque de madera… pero claro, muy alegre no queda, que digamos.
  • Pues chica. No sé qué decirte. Creo que no puedo ayudarte…
  • Pues yo creo que sí puedes. De hecho te llamo precisamente por eso. Cuando estuve contigo en Madrid ayudándote con la mudanza, vi que en el altillo tenías un rollo de césped, ¿no?
  • Sí, porque el patio que teníamos antes era más grande, y al poner la terraza en este nos ha sobrado bastante.
  • Pues llévamelo este finde al pueblo, que creo que se me ha ocurrido una idea para hacer con él.
  • ¿Con el césped? ¿Qué piensas hacer? ¿Ponerlo en la terraza para darle un ambiente más exterior?
  • No.
  • ¿Lo vas a poner en el salón, a modo de alfombra?
  • Tampoco, jajaja. Ya te lo enseñaré cuando lo tenga hecho.
  • Vale. Pues te lo llevo. Por cierto… ¿tú puedes llevar al pueblo las planchas del pelo?
  • ¿Al pueblo? ¿En serio?

Tengo que decir que mi hermana siempre me sorprende con las maletas de ir al pueblo, porque parece que en vez de viaje se cambia de casa de la cantidad de cosas que lleva. De hecho cuando nos propusieron lo de ir un fin de semana en caravana, en seguida pensé que va a tener bastante más problema mi hermana que yo porque siempre se lleva los mil y un modelitos para estar siempre divina… pero en este caso, que quisiera llevar las planchas de pelo (teniendo en cuenta que vamos a ir para estar vendimiando todo el día hechos un asco) me pareció excesivo hasta para ella. Y eso que ya os dije un día que desde que compramos mejores planchas de pelo no nos da ninguna pereza tirar de ellas para arreglarnos, y nos las pasamos casi a diario… pero francamente, yo al pueblo no las pensaba llevar porque tampoco veo la necesidad de tener que andar vendimiando con un pelo perfecto de recién salida de la peluquería, como si pareciera que eres Beyoncé grabando un videoclip en el entorno rural.

  • ¿Para qué coño quieres que lleve las planchas de pelo para ir a vendimiar?
  • Joder, porque otros años vamos unos u otros y tardamos un finde entero… pero esta vez si vamos todos a la vez, en un día nos lo ventilamos. ¿Y qué piensas hacer el resto del tiempo? ¿Habrá que salir por ahí o algo, no?
  • Pues la verdad es que yo no pensaba llevar más ropa que el chándal. Pero visto así…
  • Pues eso. Y si salimos, habrá que ponerse monas… que para dos veces al año que nos ven el pelo por allí, por lo menos que nos lo vean bien planchado.
  • Jajajaja. Vale vale, me has convencido. Pues las meto. Pero ¿por qué no llevas tú las tuyas?
  • Porque cuando mi chico ha visto la lista de cosas que tenía apuntadas para ir al pueblo, ha montado en cólera y me ha dicho que dónde voy con tres maletas para mí sola… que si quiero llevar todo eso, que lo lleve… pero que cargue yo con ellas para arriba y para abajo porque a el no le da la gana andar pujando por ellas de un lado para otro porque a mí se me antoje llevar cuatro veces más ropa para ir al pueblo dos días de la que se llevo él ir a Thailandia un mes.
  • Jajajajajaja. Y toda la razón tiene.
  • Sí sí. Pues tú ríete mucho… pero a ver qué cara pone cuando le diga ahora que voy a llevar una mochila menos, pero que en su lugar tenemos que meter un rollo de césped que abulta y pesa diez veces más que eso… porque me lo has pedido tú para hacer vete tú a saber que movidas en casa.
  • 😕
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