De verdad que esto de vivir tan estresada no puede ser. ¡Ya estoy perdiendo el norte!

Prueba de ello es lo que me ha pasado este mediodía: he terminado de comer y justo iba a salir de casa corriendo para volver al trabajo, cuando me han llamado por teléfono.

Lo he cogido y me he puesto a hablar mientras me ponía las botas y el bolso.

He salido, he cerrado la puerta y he empezado a bajar las escaleras a toda prisa… cuando se me ha empezado a ir la cobertura: “¿Qué dices? Que no te oigo… ¿Cómo dices? Perdona, es que te entiendo mal porque se va el sonido… Oye, cuando llegue abajo te llamo otra vez, ¿vale? Que cada vez te oigo peor…”.

Me he cagado en todo: en la mierda de la cobertura, en la mierda de móvil y en la puta compañía de teléfono.
Hasta que me he dado cuenta de que estaba hablando por el inalámbrico.

 

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