Hoy he ido (por fin) a la consulta del médico de rehabilitación. No era un centro de la seguridad social, si no que era un centro privado al que deben derivan gente cuando las listas de espera no avanzan lo suficientemente rápido. Al llegar, el médico me mandó tumbarme en la rodilla para explorarme, y lo primero que dijo fue: “¡Anda! ¿Estás operada?”.

Pero ¿qué puto flujo de información lleva nuestro sistema sanitario? ¿Se puede saber por qué cuando un médico te deriva a otro, el segundo no tiene toda la información que ya le has dado el primero? La respuesta es: “Es que somos centros diferentes y por la ‘Ley Orgánica de Protección de Datos de Carácter Personal’ no podemos intercambiar información”. ¡Venga, no me jodas! Entonces ¿qué es lo que tenemos que hacer? Ir a todas partes con nuestro historial debajo del brazo y enseñárselo una y otra vez a cada médico al que vamos? Pues tampoco, porque cada uno solo tiene cinco o diez minutos (en el mejor de los casos) para estar contigo, así que si te preguntan solo dos chorraditas y de ahí sacan la primera conclusión que pueden, porque si se tuvieran que molestar en mirar tu caso en profundidad les llevaría muchísimo más tiempo del que tienen disponible. Eso ya por no hablar de que cada uno de ellos te tenga que volver a explorar de nuevo… con lo traúmatico (a la par que inútil) que eso resulta en mi caso. Vamos, que ya puestos no sé porqué para acabar de hacerte perder el tiempo no te mandan hacer una misma prueba (radiografía, resonancia, etc.) cada vez que vas pasando de un médico a otro… porque es lo único que les falta.
El caso es que después de contarle al médico lo que me pasaba (le podía haber contado lo que me hubiera dado la gana, porque visto lo visto, no tiene manera de comprobarlo, ni ganas de hacerlo, ni tiempo disponible) y de que me hubiera tocado la rodilla lo poco que me dejé… concluyó que era problema de ligamentos porque me dolía mucho al tocarme superficialmente, pero no al moverla por mí misma.

  • El tratamiento para tratar eso son microondas y ultrasonidos. Ejercicios de tonificación no te voy a mandar porque parece que tienes fuerza suficiente.
  • Vale.
  • ¿A qué hora puedes venir?
  • Depende. ¿De cuánto tiempo es cada sesión?
  • Unos treinta o treinta y cinco minutos.
  • Pues entonces mejor a última hora de la mañana.
  • La última hora que te puedo dar es a las 12:30, porque después se marchan los fisios.
  • Uffff, me partes la mañana en dos, pero si no puede ser a otra hora… qué remedio.
  • Bueno, pues te apunto para que empieces el próximo miércoles. Cuando vengas, pasa directamente a la sala que está al final de ese pasillo.
  • ¿Cuántas sesiones son?
  • Treinta y dos. Cuando lleves la mitad… quince más o menos… vuelves a venir a revisión… para ver que tal vas avanzando.

Cuando fui al gimnasio y se lo dije a Mónica (mi monitora), flipaba:

  • ¿¿Treinta y dos sesiones?? ¡¡Eso es una exageración!! Normalmente mandan diez o doce. Quince como muchísimo… ¿¿Pero treinta y dos??Madre mía… ¡¡¡como te habrá visto!!!

Al llegar a casa he llamado a mi hermana para contárselo y me ha dicho “¿Ves? El médico en seguida te ha dicho que lo que te hace falta no es más ejercicio y que lo que necesitas para curarte es otra cosa. Seguro que con las ondas mejoras mucho más rápido”.

Luego me ha escrito Diego para preguntarme qué tal, y me ha dicho lo mismo. Espero que tengan razón, porque estoy pensando que dentro de una semana voy a tener que sumar a las tres horas y pico de gimnasio, otra hora más de tiempo que voy a perder yendo y viniendo de rehabilitación… durante casi dos meses y me quiero morir.

Compartir:
Personajes: ,