Por lo menos dos horas me pasé desvelada en la cama, vuelta para un lado y vuelta para otro… dándole vueltas a la cabeza con esos sinvivires: “¿No sería más normal que estuviéramos echando un polvo en vez de hablando de esas cosas?”, “¿Qué se supone que somos ahora? ¿El típico matrimonio de calzonazos y bruja-mandona?”, “Creo que sí, porque desde luego parecía más interesado en dormir, que en hacer cualquier otra cosa”, “Ay dios… Si esto nos pasa nada más empezar, ¿qué me espera si sigo con él?”…

  • Sandra… ¿estás bien? No haces más que dar vueltas en la cama… ¿Te duele la rodilla o algo?
  • No no… la rodilla está bien… Hummm… pero estaba pensando que…

Me da exactamente igual lo que vayan a decir Enma y Pili. Como si no me vuelven a hablar en la vida… Pero tengo que echar a este tío de mi casa ¡¡¡YA!!!

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