Al final, no sé para qué tantos nervios ni tanto comerme la cabeza pensando qué decirle cuando llegara a mi casa, porque según le abrí la puerta me empezó a besar y terminamos en la cama… así que no hubo mucha conversación, ni mucha duda.

Lo de estar en chándal tampoco fue un problema, porque tampoco me duró demasiado tiempo puesto.

Los problemas vinieron por otra parte…

Me quedé tan flipada (estupefacta, anonadada, asustada, acojonada y aterrorizada) que no supe ni qué decir.
Mi cara debió hablar por mí, porque en seguida añadió:



Ay dios, ya verás cuando se entere Pili… ¿Y cómo se lo digo? Creo que se me está revolviendo el estómago…

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