Resulta que las dos chicas que pasaban riéndose por nuestro lado, son dos ex-compañeras mías de trabajo. Bueno, no ex-compañeras en el sentido literal de la palabra porque no estaban contratadas directamente por mi empresa, pero tenían una agencia de publicidad y colaborábamos mucho con ellas.

A mí me llamaban muchísimo la atención porque siempre se las veía súper felices y de muy buen rollo. Aunque estuvieran hasta arriba de trabajo y se pegaran jornadas maratonianas de currar hasta las 12 de la noche, siempre las veías con una sonrisa en la boca, y no pasaba nunca más de una hora sin que se oyeran sonoras carcajadas saliendo de su despacho. A veces, tan exageradas, que a nosotros se nos escapaba también una sonrisa de lo contagiosas que eran.

  • ¡¡¡Anda!!! Hola chicas… ¿Qué tal os va?
  • Bien. Bueno… como siempre.
  • O sea… ¿Jodidas pero contentas?
  • Jajajaja, algo así. Porque llevamos un mes súper agobiadas. Nos han encargado hacer un suplemento para una revista y aparte de buscar toda la información, patrocinadores, etc. luego hay que maquetarlo todo… y eso nos está comiendo la vida, porque no encontramos a nadie que lo haga…  o que lo haga como a nosotras nos gusta y en el tiempo que les pedimos.
  • Claro. Date cuenta que tenemos que contratar freelances porque hay días en los que no tenemos trabajo… Pero después otros días nos llegan mil cambios de golpe que tenemos que mandar a revisión ese mismo día, y a lo mejor el freelance está con otra cosa y no nos contesta o no nos lo hace. Así que al final terminamos teniéndolo que meter nosotras, y para que quede bien algo que a un diseñador le lleva diez minutos, nosotras nos tiramos tres horas.
  • ¡¡¡Cómo mínimo!!!
  • Es desesperante, tía. Pero no nos queda otra que hacerlo así…
  • A lo mejor os puedo echar una mano yo…
  • ¿Pero tú sabes maquetar? Yo pensaba que eras programadora.
  • Hago las dos cosas. Nunca he estado en ninguna empresa tan grande como para tener puestos específicos para maquetadores, así que teníamos que saber maquetar también. Bueno… y además es que a mí me gusta mucho lo de cacharrear con el photoshop y programas similares…
  • ¡Es verdad! Ahora que caigo, me acuerdo que cuando publicaste tu primer libro lo maquetaste tú misma, ¿verdad? Porque me suena verte en la oficina por las tardes haciéndolo a ratos.
  • Síp.
  • Joder. ¿Y estas disponible? ¿Podrías currar con nosotras físicamente en nuestra oficina?
  • Sí. Para mi desgracia me paso el 95% de mi vida útil encerrada en casa, así que después de llevar un año y medio currando sola en la mesa de mi comedor, agradecería mucho volver a hacer vida de oficina y relacionarme con personas en vivo y en directo.
  • Jobar ¡Pues entonces el lunes a media mañana pásate por nuestra oficina y lo hablamos, porque esto puede ser súper interesante!
  • ¡Ya te digo! Tía, somos idiotas. ¡¡¡No sé cómo no se nos ha ocurrido antes!!!
  • Jajaja. Vale. Pues el lunes os veo. ¿Cual es la dirección?
  • Mañana te la mando por whatsapp, que si no con el pedo que llevamos lo mismo te la digo mal o no te acuerdas.
  • Jajajajaja. Sí, mejor.

Cuando se fueron, me dijo Maca:

  • ¡Qué simpáticas!
  • Síííí. Estas chicas siempre me han parecido súper alegres. Incluso cuando tenían muchísimo curro y se tenían que quedar en la ofi hasta las mil, se les notaba de buen rollo.
  • Sí, parecen muy majas, sí.
  • ¿Quien iba  a pensar que de una noche de juerga podía salir un buen negocio?
  • Pues cualquiera, chata. ¿Por que te crees que la mitad de las reuniones de negocios importantes acaban en un puticlub?
  • Jajajaja.
  • Joder… ahora que lo pienso, va a ser verdad lo de que esta noche es mágica porque se nos han cumplido los deseos súper rápido a las dos.
  • ¿Cuáles?
  • Joder, pues tú el de tener más dinero, porque te acaba de salir nuevo curro…
  • ¡Es verdad!
  • Y yo el de conocer a un hombre interesante.
  • ¿A quién has conocido que te ha parecido interesante?
  • ¡¡A Toni!! Me ha encantado. Me ha parecido Y creo que yo a él también le gusto porque me ha dicho que si quería luego me iba a llevar a casa en coche.

Me pilló dando el último trago para terminar mi cachi de calimocho, y casi me atraganto.

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