Inmediatamente después de colgarle el teléfono a Toni, sentí un poco de rabia conmigo misma, por haber accedido tan fácil a quedar con él, sin haber opuesto un poco de resistencia al menos. Pero es que Toni tenía razón el otro día cuando dijo que era mejor pedirme las cosas estando borracha, porque soy más débil.

Como, a pesar de que me fastidiara haberle dicho que sí tan rápidamente, ya estaba hecho, nos encaminamos hacia donde habíamos quedado… porque lo que si que no hago nunca jamás, ni estando sobria, ni borracha, ni enfadada con alguien o no… es dejar plantado a nadie.

 

Cuando llegamos, Toni ya nos estaba esperando. Nada más verme se tiró encima de mí y me dio un abrazo que me levantó por los aires, y un beso con todas las ganas.

Fue tan impulsivo y tan inesperado, que hasta que se me cayó el vaso que tenía en la mano. Y tiene mérito… porque todos sabemos que no hay cosa más fija y más estable que un vaso  en la mano de un borracho. Te puedes tropezar, te puedes ladear, te puedes caer de culo… que el vaso siempre seguirá en perfecta línea vertical.

En mi defensa como borracha, diré que creo que el problema fue que el vaso era de plástico y, al intentar agarrarlo más fuerte, lo que hice fue estrujarlo, que saliera la bebida disparada, y al empaparme la mano, el brazo, y media pierna, lo soltara del susto.

 

El caso es que Toni estaba eufórico:

  • ¡¡¡Sandraaaa!!! ¡¡¡Qué ganas tenía de verte!!! Uy, perdona, que se ha caído el vaso por mi culpa. ¡¡¡Vamos a la barra, que te pido otro!!! ¡¡¡No sabes la ilusión que me ha hecho que vinieras, porque ya pensaba que no iba a conseguir pillar cobertura para llamarte… o que cuando por fin me lo cogieras ya ibas a estar en casa!!!
  • Hummm. ¿Y la posibilidad de que te lo cogiera pero no quisiera quedar contigo no la contemplabas?
  • No. Ya sabes que soy un optimista, jajajaja.
  • Prffff.
  • Pero sea como sea, ¡¡¡me alegro mucho de verte!!! Y por cierto, ¡¡¡estás súper guapa!!! Se me hace súper raro verte con una falda larga, pero te queda genial. Seguro que te has puesto eso para poder levantártela para arriba y echar un polvo detrás de algún arbusto con el primer yogurín que pilles sin que los que puedan pasar cerca vean demasiado, ¿¿¿a que sí, zorrona??? Que ya nos conocemos…

 

Estaba tan exultante que no se dio cuenta de la cara de sorpresa que puso Maca cuando dijo eso (de hecho, creo que ni la había visto), y yo me puse como un tomate… a pesar de que no me había puesto la falda pensando en nada parecido.

 

  • Ehmmmmm, Toni… ¿te he presentado a Maca? – le dije, sabiendo de sobra que no se la había presentado, pero para hacerle notar su presencia -.
  • Ah, no. ¡¡¡Hola!!! Encantado.
  • Igualmente.
  • Por cierto, he dejado a mis amigos plantados… pero estaban tirados en el césped detrás de aquellas casetas. ¿Queréis que vayamos con ellos? No hay ningún yogurín que llevarte detrás de unos matojos para que te empotre remangándote la falda, pero está Rodri… que igual también te vale -dijo guiñándome un ojo-.
  • Jajajajaja. Venga anda… deja de decir sandeces y vamos para allá.

 

Pasamos por la caseta de bebida más cercana a pedir otro cachi de calimocho para mí, y después fuimos con Toni hasta donde estaban sus amigos. Saludé a Rodri, que también tenía una castaña importante, y luego nos presentaron al resto de sus amigos (que a mí no me sonaban de nada).

Nos pasamos con ellos el resto de la noche y la verdad es que nos reímos un montón… porque Toni es un gilipollas y un calzonazos y muchas cosas más… pero hay que reconocer que es imposible no pasárselo bien con él.

 

Cuando ya estábamos recogiendo para irnos, justo pasaron unas chicas por nuestro lado que iban partiéndose de risa entre ellas, y al vernos, una se quedó mirándome y dijo:

  • ¿Sandra?
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