Hoy me he pasado todo el día tirada en casa viendo la tele y dormitando. Me he levantado tarde, he comido, me he echado a dormir la siesta… cuando me he despertado he hecho palomitas y he empalmado dos películas románticas una detrás de otra. A la hora de cenar he llamado a Enma por teléfono a ver qué tal estaba, porque a mediodía me había dicho que no podía parar de comerse la cabeza por lo de Paco-Will de anoche.

Lo hemos estado poniendo verde durante un buen rato y luego nos hemos estado riendo acordándonos de lo de Oliver en el baño. Enma dice que soy idiota y que tenía que haberme lanzado, porque total, no tenía nada que perder y daba igual que tuviera mal la rodilla porque seguro que Oliver, con los brazacos que tiene, podría sostenerme en el aire perfectamente el tiempo suficiente para echar así un polvo. Le he dicho que es verdad, que eso no lo había pensado, y eso que esa postura sí que estaba en la baraja de póker.

Cuando hemos colgado el teléfono, me he puesto a cotillear Facebook y he visto que los yogus habían subido fotos de fiesta. Le he dado “me gusta” a un par de fotos en las que salía Diego, siguiendo estrictamente la política de declaraciones amorosas de Manu Chao (“Me gustan tus fotos, me gustas tú. Me gustan tus estados, me gustas tú”). Y no habían pasado ni cinco minutos, cuando él ha seguido la estrategia de “el vigía”, o sea: “A una leve señal que hagas, te tiro encima toda la artillería”.

Me ha mandado un Whatsapp preguntándome donde nos metemos últimamente, porque no nos hemos visto desde hace casi un mes. Evidentemente he omitido decirle que al que no hemos visto es a él, porque unos días antes de irnos, sí que nos encontramos a sus amigos de fiesta, y estaban todos, incluido Javi. En vez de contarle eso (que seguramente ya lo supiera), le he dicho que es que en semana santa estuvimos en mi pueblo, pero que este finde sí que hemos estado aquí.

  • Pues si lo llego a saber, te hubiera escrito para quedar por lo menos un rato.
  • Pues sabiendo que siempre andamos por aquí no sé porqué no lo hiciste —dije, y de repente me di cuenta de que si hubiera estado con nosotras hubiera vivido de primera mano el momento en el que me metí con Oliver en el baño, y me alegré mucho de que no hubiera llegado a escribirme—. Seguro que a Pili también le hubiera hecho ilusión verte —dije, por añadir algo más—.
  • A Pili sí que la vi en semana santa.
  • Ah.
  • Pero vamos, que ayer hubiera agradecido un plan alternativo más alegre que el que teníamos nosotros, porque a un chico acababa de dejarlo su novia y se pasó toda la noche lamentándose y hecho migas.
  • ¿A quién? ¿A Simón? Porque es el único que yo sé que tenga novia…
  • No no. Es un amigo mío de la universidad. Tú no lo conoces. Llevaba con ella poco más de un año pero se ha quedado hecho polvo. Si es que echarse novia no trae más que disgustos y problemas. Está visto que es mucho mejor estar soltero, a tu bola y libre de preocupaciones. ¿A que sí?
  • Sí, bueno… Soltero se está muy bien, mientras no te guste nadie. Si conoces a una persona que te gusta mucho y no puedes estar con ella, tampoco estás bien, porque te puede generar bastante angustia.
  • Eso es verdad.
  • El mundo de las relaciones es muy complicado.

Cuando hemos terminado de hablar le he mandado a Enma las capturas de pantalla… y cuando ha leído lo de que no quiere echarse novia, me ha recordado que una vez también nos dijo que él no era un chico de rolletes y nos ha dado la risa al pensar que es otro partidario de guardar el celibato, como Paco-Will.

Luego me ha dicho que está claro que este chico arrastra todavía mucho trauma como para ser capaz de tener una relación sentimental sana con nadie… y que el tiempo es demasiado valioso como para esperar por nadie. Sobretodo porque cuando se te cruza alguien que de verdad te cala, se te curan todos los males de repente y no tienes miedo de tirar para adelante con lo que sea. Creo que esa reflexión la ha sacado de la segunda película de la tarde que han echado en Antena 3 (hemos estado viendo la misma). Pero aún así, tiene razón. Tengo que intentar mentalizarme de que por mucho que me guste Diego, y por mucho que me parezca que es recíproco, con él no voy a llegar a ninguna parte. Repite conmigo: “Caca. Diego, caca”.

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