Hoy Enma tenía una entrevista de trabajo y luego tenía que ir a cuidar de sus primos pequeños y no podía quedar conmigo por la tarde, así que cuando he salido de trabajar me he ido directa a casa.

Después de merendar he encendido el ordenador para cotillear un poco en Facebook. He visto que había un montón de publicaciones nuevas: que si las fotos de una amiga que ha estado de vacaciones, que si las fotos del hijo de otra, que si las posturas imposibles en las que duerme el gatito de otra… Estaba yo tan feliz mirando las actualizaciones y poniendo un comentario en cada una de ellas (para una vez que tengo tiempo, hay que aprovechar para hacer un poco de interacción, digo yo), cuando de repente ¡ZAS! En toda la cara… una colección de fotos de Diego muy pegadito a una zorrita esquelética, que se agarraba a él como un perezoso se agarra a las ramas de un árbol para no caerse.

Prffffff. ¿Pero quién cojones es esta ahora?

He hecho una captura de pantalla y se la he mandado a Enma, que en seguida me ha respondido “Hala tía, ¿pero esa quién es? ¿Has mirado en su perfil a ver si tenéis amigos en común o a ver si tiene alguna foto más en la que salga con Diego o con alguien conocido? Luego cuando llegue a casa investigo yo también?”.

¡Qué mona es Enma! Y eso que Diego ni siquiera le gusta para mí, pero es la única que siempre está ahí, a las duras y a las maduras.

Creo que debería regalarle algo en agradecimiento por estar siempre conmigo. Hay que cuidar lo que se tiene, y si es verdad eso que dicen de que “quien tiene un amigo, tiene un tesoro” a mi con Enma me ha tocado la lotería. Así que a ver si este fin de semana le sonsaco algo que le pueda gustar para regalárselo en navidades, que ya solo queda un mes y no quiero andar pillada a última hora, como siempre.

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