Como una jodida ansiosa que soy, el viernes por la tarde, en cuanto salí de currar, me puse como una loca a colocar mi suelo vinílico nuevo.

 

Decidí empezar por las zonas comunes (salón y pasillo), para después, si me daba tiempo, hacer las habitaciones. Pero en seguida me di cuenta de que iba a ser imposible, porque cuando me puse a pintar los zócalos de blanco (según el plan establecido), me di cuenta de que la pintura iba a ser insuficiente.

El bote ponía que el rendimiento era de unos 15 metros cuadrados el litro (que es lo que yo calculaba que tengo que pintar), pero esa superficie es contando con dar solamente una mano… y para que quede bien hay que dar dos o tres. Vamos, que en cuanto le di dos manos al pasillo y a medio salón… se me terminó el bote y no tenía para más. Así que, como sabía que no me iba a dar para hacer toda la casa, pues me lo he podido tomar con toda la calma del mundo y lo he estado haciendo solo a ratos. Aún así, he conseguido terminar todo ese trozo (que para haberlo hecho un fin de semana y sin matarme, no está mal), pero de haberlo sabido creo que hubiera cambiado mis prioridades en hacer primero el salón entero, porque ahora está la mitad con el suelo bien y la mitad con el suelo mal y queda rarííííísimo.

Croquis del estado de los suelos de mi casa ahora mismo

 

Mientras tanto, tengo a la mitad de mis amigos preguntándome por Whatsapp qué tal llevo la obra, incluída Maca, que hoy me ha dicho que si la invitaba a tomar café para ver mi obra:

  • ¡Pero si no he terminado todavía! Solo tengo puesto el suelo en media casa.
  • Ya lo sé… pero quiero verlo porque llevo años pensando en cambiar el suelo de la cocina del pueblo y, aprovechando que voy a ir este puente, a lo mejor me caliento y aprovecho para hacerlo, porque por lo que te veo a ti parece que sí que me puede dar tiempo a hacerlo en un fin de semana, ¿no?
  • Sí. Vamos, yo creo que sí. Muy torpe tendrías que ser para que no te diera tiempo.
  • Pues eso. Pero antes quiero vértelo a ti en vivo y en directo para ver como queda.
  • Vale. Pues vente a tomar café y lo ves… y te cuento un par de trucos para que te sea más sencilla la colocación. Porque pensaba haber hecho un mini-tutorial durante el finde y subirlo en vídeo pero no me ha dado tiempo.
  • Aún así, sí que he estado siguiendo tu cuenta de instagram, porque has ido explicando muchas cosas mientras lo hacías. Pero todo lo que me digas antes de empezar, mejor.
  • OK. Pues ¿a qué hora vienes? ¿A las cinco más o menos? Porque yo saldré de currar tarde y en lo que como y tal…
  • Perfecto.

 

Según ha entrado por la puerta, le ha encantado:

  • ¡Halaaaaa, tía! ¡Qué chulo queda! ¡Parece otra casa según entras!
  • Sííííííí.
  • Me encanta. Parece todo más nuevo, más limpio. Lo único es que… ¿no está todo como demasiado gris o son imaginaciones mías?
  • Calla calla, que me vas a contar a mí, que hoy por la mañana al salir con el café de la cocina (que está toda gris), al pasillo (que está todo gris) y pasar por la puerta del baño (que también está todo gris) ha habido un momento en el que me he agobiado toda porque he pensado que me había vuelto daltónica.
  • JAJAJAJAJAJA.

 

  • No te rías que es verdad. Y es que antes, precisamente, lo que intentaba hacer era poner todo en tonos grises para uniformar los ambientes y darle un poco de coherencia a la decoración de toda la casa. Por ejemplo, se me ocurrió repetir el motivo de los azulejos del suelo del baño como cenefa del pasillo… y me parecía que quedaba guay, pero claro, ahora con el suelo también gris… es demasiado.
  • Hummmm, no sé. A mí la cenefa del pasillo sí que me gusta mucho, me parece muy original que combine con el baño.
  • Ya… a mí antes también. Pero ahora es demasiado gris todo. Y en el salón es peor todavía porque antes tenía un mantel gris para tapar la mesa del comedor (que es horrorosa)  para que pegara con los cuadros del fondo y con el pasillo… pero ahora se ve el suelo gris, la mesa gris, la pelota de pilates en la que me siento para escribir gris… y joder, lo veo todo tan en escala de grises que me siento como atrapada en una película en blanco y negro. No te digo más que he estado tentada de sacar una mantita de rayas de colores odiosa que tiene mi compañera de piso para ponerla encima del sofá y darle algo de color… no te digo más.

 

  • Jajajaja. No seas exagerada, que no está tan mal. Aunque es verdad que para lo alegre que eres tú la casa está como apagada.
  • ¿¿¿Apagada??? Parece que estoy viviendo dentro de un puto filtro de Instagram. Y eso que todavía me falta por poner el suelo de la mitad del salón. Que luego va a ser más exagerado todavía…
  • Vamos, que me estás diciendo que en cuanto acabes de poner el suelo te vas a poner a cambiar los colores de toda la casa, ¿no?
  • A cambiarlos no diría yo exactamente… Más bien ¡¡a añadir alguno!!
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