Yo todavía no había digerido el momento “Os voy a poner una peli de tiros para que vayas afinando la puntería”, cuando apareció Pedrito con una revista en la mano (que era un especial de “culos en la playa” de la Cuore) y dijo: “Eso. Y aquí tenéis la revista de culos de la Cuore… También le podéis ir echando un vistazo para ir entonando”. Yo no sabía si seguir callada mirándolo todo con silencioso pasmo, si echarme a reír o si pegarles un bofetón a cada uno (y tengo que decir que esta última opción iba ganando puntos por momentos).

El chico miró la revista que Pedrito acababa de tirar encima de la mesa y vio el resto de las cosas que había dejado mi hermana desperdigadas antes de irse a dormir.

 

Cogió el zapatito de la niña, y dijo “¿Y esto qué es?”, y entonces Jose, que volvía con las botellas, se lo arrancó de la mano y le dijo “Esto es de mi hija y no tienes por qué tocarlo”, con una cara de mala leche, que si llego a ser yo salgo de allí corriendo.

El yogurín no salió corriendo, pero tampoco movió ni un músculo. Y mientras tanto Jose, sin soltar el zapatito, empezó a rellenarle el cubata (que estaba casi por la mitad)… echando J&B con Coca-Cola.

Tengo que decir que yo todavía estaba medio dormida y por lo tanto reaccionaba muy despacio y no me enteraba de la mitad de las cosas. Pero teniendo en cuenta que los demás llevaban un pedo como un capitán general (incluyendo el yogurín desconocido) puedo afirmar que, a pesar del sueño, era la que más lúcida estaba de todos los presentes. Y lo digo porque creo que fui la única que se dio cuenta de que el color de lo que hasta ahora tenía el vaso era bastante más claro que lo que ahora le estaba echando Jose. Vamos, que lo mismo lo que tenía el chico en el vaso hasta ese momento era un gin-tonic y Jose se puso a echarle J&B encima sin preguntar ni siquiera qué era lo que estaba bebiendo y sin que se le hubiera ocurrido ponérselo al menos en un vaso que no tuviera ya otra cosa dentro.

 

El teléfono del yogurín volvió a sonar y lo cogió diciendo: “¡¡¡Hola!!! Que sí, tíos que estoy bien. Sí, sí. Voy ahora mismo”. Colgó y dijo: “Bueno chicos, pues la broma ha estado muy divertida y tal, pero me tengo que ir que me están esperando mis amigos”. A lo que Jose le dijo “De eso nada, tú no te mueves de aquí hasta que no te hayas bebido la copa que te acabo de poner”. El chico cogió el vaso y se dispuso a dar un trago, pero nada más olerlo, volvió a dejarlo en la mesa haciendo una mueca de asco que estaba más que cerca de la arcada… y yo ya no pude reprimir un ataque de risa de lo ridículo que me estaba pareciendo todo.

 

Como nos habían plantado en el sofá pero estaba claro que no teníamos ninguna intención de entablar ningún tipo de conversación entre nosotros (no tengo claro quién de los dos se sentía más incómodo ni quién tenía más ganas de salir huyendo de ahí), Pedrito se acercó a nosotros y, cogiendo el libro de “No sé si tirarme al tren o al maquinista” le dijo al chico: “¿Te hemos dicho que Sandra es escritora? Este libro lo ha escrito ella”. El yogurín lo miró con cara de que le estuviera vacilando y dijo: “Sí ya, claro”, a lo que Pedrito añadió: “¡Que es verdad! ¿No ves que su foto sale en la contraportada?”, y le puso el libro tan cerca en la cara que yo dudé que se lo fuera a estampar en las narices.

 

Entonces el chico, cogió el libro, y al ver que lo de mi foto era verdad se quedó muy sorprendido y me preguntó “¡Anda! ¡Es cierto que esta eres tú. ¿Eres una escritora de verdad?”, y yo le respondí “Bueno… no sé si soy una escritora de verdad… pero ese libro sí que lo he escrito yo”.

Se puso a hojearlo y me decía:

  • ¡Hala! Los dibujos están súper chulos, ¿también los has hecho tú?
  • Sí, claro. Hasta que no sea rica y pueda pagarle a alguien que lo haga mejor, todo es hecho por mí misma.
  • Jolín, pues está súper guay -y llegando a una página que tenía un dibujo un poco subido de tono, me dijo con renovada curiosidad-. Oye, ¿de qué va el libro exactamente?

Los demás, al ver que la conversación podía estar ya enfilada, salieron al jardín dejándonos solos en el salón.

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