A mí la verdad es que me estaba dando muchísima envidia pensar que Rosa, Raquel y Adri estaban ya en la cama tan a gusto, porque si por mí fuera me hubiera ido a dormir hacía un buen rato… pero me parecía un poco mal retirarme a la cama y dejar allí al resto después de que hubieran preparado la fiesta, cuando se suponía que precisamente lo que estábamos haciendo era celebrar mi cumpleaños. Así que hice acopio de fuerzas y me dispuse a aguantar estoicamente todo el tiempo que quisieran quedarse el resto.

Empezamos a ponernos cubatas mientras estábamos de palique… pero según iba pasando la noche iba decayendo el ambiente, la conversación, y hasta las posturas en las sillas que cada vez eran menos verticales y más repanchingadas.

 

Hasta que, en un momento en el que ya estábamos todos medio dormidos, sobre las tres y media de la mañana, Jose dijo “Bueno chicos, pues creo que ya va siendo hora de retirarse y de recoger todo esto…” a lo que yo pensé “¡¡¡Por fiiin!!!”, y después añadió “… e irnos de fiesta por ahí”.

  • ¿Cómooooooo? -dije completamente sorprendida-. Lo dirás de coña, ¿no?
  • No. ¡¡¡Es tu cumpleaños!!! Habrá que salir por ahí de fiesta…
  • ¡¡¡Pero si son las tres y media de la mañana!!! ¿Dónde pensáis ir ya a estas horas?
  • Yo que sé. Pues echamos a andar y por donde veamos que hay gente, nos apuntamos.
  • Yo no salgo ni de coña -dije completamente aterrorizada por la posibilidad de prolongar lo que para mí ya estaba siendo una agonía-.
  • ¿¿Pero cómo no vas a salir?? -Dijo Pedrito-. ¡¡Si es tu regalo de cumple!!
  • ¡Claro! -Dijo Oli- .Tenemos que salir a buscar un yogurín o un surfista para que no te vuelvas de vacaciones de vacío.
  • O mejor todavía: ¡¡¡un yogurín surfista!!! -dijo Pedrito-. Que lo mismo no hace falta renunciar a nada, ¡cuidao!
  • Sí, claro -le contesté yo todavía sin salir de mi estupor por lo ridículo que me parecía que quisieran salir de fiesta a esas horas después de llevar dos horas completamente amodorrados, ni del afán repentino por encontrarme un ligue de una noche-. No hemos visto ningún tío decente en toda la semana, lo vamos a encontrar justo hoy. Yo me voy a la dormir pero ya, que ya llevo un buen rato que me caigo y vosotros ya estáis delirando.
  • ¿Pero lo dices en serio? -Dijo Alberto-. ¿De verdad no piensas salir?
  • ¡Por supuesto que no! Si es que lo que no me cabe en la cabeza es que queráis salir vosotros. ¡Si no hay ni un solo bar en dos kilómetros a la redonda!
  • Hummmm. Pero está el chiringuito de la playa… -dijo Pedrito-. Igual allí hay algo.
  • Igual sí, pero igual no. Si llegáis allí y no hay nada, ¿cuál es el plan B? ¿Ir andando dos kilómetros hasta el pueblo en busca de algún bar que todavía esté abierto, para que lo cierren dentro de una hora? Yo es que alucino, vamos. Conmigo no contéis ni de coña -y dándome media vuelta me dirigí a la casa para irme a dormir-.
  • ¿¿¿Y qué hacemos si encontramos un yogurín surfista??? -Dijo Oli- ¿¿¿Te llamamos y te vienes???
  • No no. De eso nada -respondí alucinando todavía con la cabezonería de intentar salir a buscarme un tío que ni existía ni me interesaba una mierda en ese momento-. Si lo encontráis me lo traéis, porque yo no pienso salir de casa de ninguna de las maneras, vamos.

Subí a la habitación … y mientras me ponía el camisón (intentando no hacer ruido para no despertar a Raquel, que estaba durmiendo plácidamente en la litera de al lado) oí como Jose, Alberto, Oli y Pedrito terminaban de recogerlo todo y se iban por ahí de fiesta, justo cuando yo me metía en la cama y me quedaba completamente dormida.

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