El chico parecía muy emocionado con el tema de que hubiera publicado un libro y me preguntaba por todos los detalles que se le iban ocurriendo:

  • ¿Y cómo se te ocurrió la idea de escribirlo?
  • Pues la verdad es que fue un poco accidental porque empecé escribiendo un blog un poco a lo tonto… pero empezó a seguirme mucha gente, me dieron un premio nacional al mejor blog… y entonces una editorial me contactó para proponerme sacarlo también en formato libro… y pensé ¿por qué no?
  • ¿Y el blog también se llama “No sé si tirarme al tren o al maquinista“??
  • No, ese solo es el título del libro. El blog se llama “Treinta y… diario de una treintañera”, y creo que no hace falta que te diga de lo que va, porque el nombre es bastante descriptivo, jajajaja.
  • Jobar… me parece alucinante que una editorial te contacte, ¿no? Quiero decir que lo normal no es que tengas que ir tú intentando que te hagan caso… y aún así solo le publican a muy poca gente.
  • Pues sí, la verdad.
  • ¿Y qué tal te ha ido con el libro?
  • Yo diría que bien, porque ha estado varias veces entre los libros más vendidos de Amazon España.
  • ¡Halaaaa! ¡¡¡Qué pasada!!! ¿Y los dibujos los haces también tú?
  • Sí.
  • ¿Y dónde aprendiste a dibujar así?
  • En ningún sitio. Siempre se me ha dado bien dibujar.
  • Jolín, pues están genial. Oye, ¿y cómo se te ocurrió la idea de escribir un libro?
  • Fue un poco accidental porque empecé escribiendo un blog un poco a lo tonto…

Creo que le repetí lo mismo por lo menos cinco veces, porque a pesar de que se notaba que el tema le fascinaba y ponía mucho interés, estaba taaaan borracho que se le olvidaba todo lo que le decía prácticamente al instante.

 

La verdad es que, cuando el chico me preguntó la primera vez por el libro, le respondí lo más escuetamente posible porque albergaba la esperanza de que se aburriera y se fuera a su casa de una vez, y yo me pudiera volver a meter en la cama a seguir durmiendo, que es lo que más me apetecía en ese momento (y más teniendo en cuenta lo raro y lo tenso que había sido todo después de los momentos “peli de tiros” y “revista de culos”). Admito que le contestaba casi de una forma mecánica entre bostezo y bostezo… y si no me levanté y me marché, fue exclusivamente por educación. Pero también es verdad que, según al chaval se le iba pasando un poco el pedo e íbamos hablando cada vez más, me empezó a parecer un chico muy simpático.

Me dio la impresión de ser un chico normal (borracho pero normal), bastante majete (tenía algunas caídas muy buenas), y tengo que reconocer que me lo habían escogido muy bien porque físicamente el chico era bastante de mi estilo.

El ambiente seguía siendo un poco tenso porque oíamos a mis amigos (que estaban en el jardín) hablar y reírse continuamente… pero por lo menos la conversación era más fluída.

  • Jajaja, oye… estoy ojeando un poco este capítulo y me pregunto si esto está basado en hechos reales, porque si es así te pasan unas cosas súper divertidas.
  • Sí. Por desgracia para mí todo está basado en hechos reales.
  • Jajajajajaja. ¿En serio? ¿Cómo te pueden pasar tantas cosas raras?
  • Le preguntó el chico desconocido a la escritora, mientras estaban sentados en el sofá de una casa a la que había ido en calidad de “yogurín surfista”…

  • Jajajajajaja, tienes razón. Supongo que esta situación también es bastante surrealista. Oye, ¿y esto lo piensas contar algún día en tu blog?
  • Probablemente…
  • Jajajaja. ¡Qué guay!

 

A lo tonto y a lo bobo, llevaríamos ya hablando una hora, cuando el yogurín me preguntó dónde estaba el baño. Le indiqué que era la última puerta al final del pasillo y fue para allá.

En cuanto se le oyó cerrar la puerta del baño, entró Oli en el salón:

  • ¡Sandra! Yo me piro a dormir. Solo venía a coger el bolso.
  • Vale.
  • Estos están fuera…
  • Ya ya. No hace falta que lo jures porque se les está oyendo todo el rato.
  • ¿Qué tal con el chico?
  • Es majo…
  • ¿Pero te ha metido morro? ¿Os habéis enrollado o algo?
  • ¡Por supuesto que no! Jajajaja.
  • ¿Por qué?
  • Para empezar porque os estamos oyendo todo a través de la ventana, y parece que os tuviéramos encima.
  • Hummmm. Ya, es verdad que igual os teníamos que dejar algo más de intimidad.

Oímos abrirse la puerta del baño y Oli salió del salón automáticamente, y se puso a subir las escaleras casi a brincos para desaparecer lo antes posible.

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