Resulta que hace 3 años, mis amigos y yo nos fuimos de vacaciones una semana a la playa. En aquel entonces todavía no había llegado el baby boom a mi pandilla y solamente una pareja tenían una niña de tres años. Los demás todavía no se habían decidido a tener descendencia a pesar de llevar mil años emparejados (a excepción de mi hermana y de mí que éramos las únicas solteras de las vacaciones), así que empezamos a buscar alojamientos que tuvieran cuatro habitaciones porque en total íbamos:

  • Rosa y Jose, con su niña pequeña (y sí, pongo Jose sin tilde en la é porque nadie jamás lo pronunciamos acentuado en la última sílaba, así que no tiene ningún sentido ponerlo, por lo que es Jose y punto)

  • Oli y Pedrito:

  • Raquel y Alberto:

  • Mi hermana Adri y yo:

 

Cuando empezamos a mirar casas ya era bastante tarde y solamente encontramos una que estuviera a menos de un kilómetro de la playa en la que cabíamos todos, pero que tenía solamente un salón pequeño y tres habitaciones (una de ellas con cama de matrimonio y las otras tres con literas), así que teníamos que compartirlas. Pero de todo lo malo, por lo menos la casita tenía un patio bastante grande en el que podíamos juntarnos todos para comer… que es donde pensábamos pasar la mayor parte del tiempo… así que aceptamos, y nos repartimos las habitaciones de la siguiente manera:

  • En la habitación principal: Rosa, Jose y la niña
  • En una de las habitaciones con literas: Oli, Pedrito y mi hermana
  • En la otra habitación con literas: Raquel, Alberto y yo

 

Las vacaciones empezaron muy tranquilas, porque teniendo una niña pequeña no podíamos hacer grandes excesos y, a pesar de que éramos muchos y podíamos dividirnos para hacer diferentes planes y actividades, nos adaptábamos todos al horario de la críay estábamos casi todo el tiempo juntos, excepto algún rato en el que las chicas nos íbamos a dar un largo paseo por la playa y un día en el que mi hermana y yo nos fuimos a dar una vuelta por el pueblo más cercano para ver si encontrábamos algo chulo que comprar en los puestos hippies que ponen en la playa.

A pesar de que mi hermana y yo podíamos irnos cuando nos diera la gana, y si no lo hacíamos era porque no nos daba la gana… se daba continuamente un fenómeno que vengo observando que se produce cada vez que se juntan padres (o parejas estables de larga duración) con solteros… y es que los padres se sienten súper culpables si los solteros no están continuamente de fiesta, porque dan por hecho que de no estar ellos sí que lo harían. Así que, las tres parejas, se pasaban todo el día intentando animarnos a Adri y a mí a que saliéramos de fiesta aunque fuese sin ellos… cuando en realidad a nosotras (que podemos salir cualquier día del año de fiesta si nos da la gana) lo que nos apetecía precisamente era pasar unas vacaciones en plan “relax”.

También es verdad que aunque hubiéramos querido salir de juerga lo habríamos tenido un poco complicado, porque el sitio no invitaba mucho a la fiesta ya que nuestra casa estaba en una zona de turismo familiar… y saltaba a la vista nada más pisar la playa porque estaba todo lleno de puretas con neveras llenas de bocadillos y cervezas heladas.

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