Terminé de hacer el café y salí al jardín para tomármelo. Ni siquiera había terminado cuando bajó Rosa con la niña:

  • Pero Sandra, ¿qué haces aquí fuera?
  • Desayunando…
  • Quiero decir… ¿qué haces despierta a estas horas? Si normalmente eres la última en levantarte…
  • Pues ya ves, que anoche he tenido una visita masculina. Nos hemos despertado hace un rato y he pensado que era tontería volverme a acostar… porque total, para dormir una hora me iba a levantar peor.
  • ¿¿¿Una visita masculina??? ¡Anda! Entonces Jose no estaba delirando. Y yo que lo tomé por loco….
  • ¿Delirando?
  • Sí. Resulta que cuando ha entrado en la habitación, venía empuñando un cuchillo.
  • ¿Un cuchillo?
  • Sí sí. Así como te lo cuento. Un cuchillo jamonero, nada menos. Yo me he quedado un poco loca y le he dicho: “¿Dónde vas con eso?” y me ha respondido “A meterlo debajo de la almohada por si acaso me toca defenderos a la niña y a ti… Ya sabes… Por si el surfista que está en el salón con Sandra es un psicópata”. Evidentemente pensé que estaba borracho, o fumado, o yo que sé… y le dije “¡Anda! Posa ese cuchillo en la mesa y deja de decir idioteces, que vas a despertar a la niña. Y métete en la cama a dormir la mona”.

  • Jajajajajajajaja. Me parto.
  • ¿Cómo iba a pensar yo que de verdad estabas con un tío en el salón?
  • Ya… jaja. No me extraña que pensaras que era un delirio de borracho. Yo también pensé que era una coña cuando Alberto me despertó para decirme que me habían traído a un surfista.
  • ¿Pero cómo que te lo habían traído? ¿De dónde? ¿Era algún vecino que pasaba por la puerta y lo metieron en casa?
  • No no. No sé de dónde lo trajeron exactamente, pero yo creo que de la playa.
  • ¿Cómo que de la playa? ¿Pero entonces era un surfista de verdad?
  • No, pero venía lleno de arena…
  • Pero vamos a ver…  Si yo os dejé tomando algo tranquilamente en el jardín, ¿cuándo estuvisteis en la playa?
  • “Estuvimos” no… “!estuvieron!”, que yo no salí de casa. A mí me lo trajeron a domicilio porque no quería ir a buscarlo.
  • Mira, creo que yo también necesito un café porque no me estoy enterando de nada.

 

Le conté toda la historia (todo lo que había pasado desde que ella y la niña se fueron a dormir hasta que el yogurín se marchó por la mañana) y se meaba de la risa.

  • Tía, no me puedo creer que todo eso haya pasado desde que me acosté hasta ahora… ¡¡¡y yo en la habitación de encima sin enterarme de nada!!! Si Jose no hubiera entrado a la habitación con el cuchillo como si fuera un psicópata, ni siquiera me hubiera espabilado tanto como para fijarme en que ya entraba luz por la ventana y hubiera pensado que os fuisteis a dormir después de haber estado tomando un par de copas tranquilamente…
  • Ya…
  • Y resulta que en vez de irte a la cama tranquilamente, por fin te estaban dando el “pollazo” que tanto habías pedido.
  • Jajajajajaja, ya lo ves…
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