¡¡Treinta años!! No sé cómo lo he hecho pero se me han juntado el acné con las patas de gallo.

No son ni las 5 de la tarde y ya me han soltado dos “Ahora te vas a tener que empezar a cuidar esas arruguitas”, tres “Ya no eres una niña” y un tajante “Tíñete esas canas”. ¡¡¡Grrrr!!! ¿Por qué el día de tu cumpleaños la gente se cree en el derecho de insultarte impunemente? ¿Acaso cualquier otro día puedes ir por ahí diciéndole a la gente “Vaya ojeras tan horribles tienes”, “A ver si te haces un lifting” o “¿No te parece que te estas poniendo como una foca?”?

A pesar de estos “amables comentarios”, yo creo que estoy estupenda. ¡¡¡Los treinta son una edad fantástica!!! Sigues siendo lo suficientemente joven como para poder salir de fiesta y hacer el tonto sin que nadie te mire raro, pero a la vez eres lo suficientemente mayor para que te tengan que tomar en serio cuando quieres. Tienes el culo más caído, vale… eso es verdad. Pero también tienes más claro lo que quieres, tienes más seguridad en ti misma, más independencia económica… y además eres una soltera de amplio espectro: ¡puedes ligar con hombres de prácticamente todas las edades! Para los maduritos, eres una apetecible yogurina llena de vida, y para los veinteañeros, una interesante mujer experimentada.

Para mí, esta última ventaja, es la más interesante de todas. Sobre todo teniendo en cuenta que hace apenas unos meses lo he dejado con mi novio, con el que llevaba siete años saliendo y cuatro viviendo juntos.

 

El caso es que, hace un par de semanas, viendo que ya no me faltaba nada para entrar en la treintena: soltera, estancada en un trabajo que me aburre como una mona, sin saber qué hacer con mi vida, viviendo continuamente a dieta/atracones/dieta/atracones… me acordé inevitablemente de Bridget Jones.

Cogí el libro de la estantería y me senté a leerlo esperando echarme unas risas al verme reflejada en sus páginas, tal y como me pasó la primera vez que lo leí.

Tengo que decir que me sorprendió muchísimo darme cuenta de que, a pesar que la primera vez que leí ese libro tenía veinte años, me sentí mucho más reflejada en Bridget y su forma de ver la vida que ahora que acabo de entrar en la treintena. Y es que esta vez, ¡¡¡no me podría haber sentido menos identificada con ella!!!

  • Cada vez que lloriqueaba porque estaba gorda y a los tíos les resultaba repulsiva, yo pensaba “¿Pero qué coño te pasa? ¿Acaso los tíos que te tiras son David Beckham para que puedan exigir tanto? Porque yo la mayoría de los tíos que encuentro por ahí, están hechos un asco. No creo yo que estén para exigir ellos mucho, precisamente”.
  • Cada vez que decía que ya era muy vieja yo pensaba “¿Acaso no sabes que a los veinteañeros les ponen un montón las tías de treinta? Las chicas de veinte años estarán mas buenas, ¡pero tú les das mucho más morbo! ¡Espabila y juega tus bazas!”.
  • Cada vez que se arrastraba detrás de su novio yo pensaba “Deja de arrastrarte detrás de ese imbécil, ¡tú vales mucho más que eso! Sal de fiesta, tírate a un yogurín que te suba la moral… y ya verás como al día siguiente se te ha pasado la tontería”.

 

Me hubiera encantado tenerla delante para zarandearla, cantarle las cuarenta e intentar abrirle los ojos. Y entonces pensé ¿seré yo la única treintañera a la que la soltería le parece maravillosa?

Lo consulté con mis amigas y me dijeron que no, pero que normalmente la única versión que se escucha por ahí es la de las tías que son sacos de complejos y se dedican a lloriquear y contar sus penas… porque las que están por ahí felices viviendo sus vidas no se sientan a escribirlo y contarlo.

Y pensé ¡¡¡pues quizá ya va siendo hora de que alguien lo haga!!! ¡¡¡Quizá eso sea lo que yo le pueda aportar al mundo!!!

Y aquí estoy. Dispuesta a abrir un rinconcito de mi vida a quien le pueda resultar entretenido. 😉

 

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