Al final ayer en la fiesta sí que pude picotear… porque a parte de los canapés, otros chicos llevaron un montón de mierdas de kiosko, y para mi sorpresa de eso lo puedo comer casi todo porque todo está elaborado a partir de harina de maíz. Así que comí gusanitos, chaskis, palomitas, cortezas de cerdo, patatas fritas, maíces, etc. Vamos, lo ideal para mi operación “cañón”.

En la fiesta éramos bastantes, aunque yo solo conocía a Pili y a Elena, que era la chica que daba la fiesta. Pero en seguida fiché a varios tíos que parecían interesantes. El que más me llamó la atención fue un chico que se llama Oliver. Un bombonazo de treinta y tantos, guapo, cachas pero sin exagerar y muy majete. Nos pasamos hablando casi toda la noche.

 

Al final terminamos a las 7 de la mañana: Pili, Oliver, Elena y yo. Y nos fuimos a desayunar. Desayunar…ilusa de mí!! No puedo desayunar nada!!!! NADA!!!. El chocolate lleva leche, la tortilla de patata: huevos, los bocadillos: harina de trigo, y la bollería ¡¡¡las tres cosas!!!

 

Como yo no podía comer nada de lo que había y no teníamos mesa para sentarnos, al final nos marchamos todos sin desayunar (más bien por lo de la mesa que por lo mío, la verdad).

Pili y Elena dijeron que estaban cansadas y que cogían un taxi, y Oliver y yo nos fuimos andando porque estábamos a 5 minutos de nuestra casa… y es que resulta que mi casa está dos calles antes de llegar a la suya (cosa con la que Pili ya contaba, según me dijo después, y por eso insistió en coger un taxi para dejarnos solos. Jeje, qué mona es Pili).

 

Según íbamos de camino para casa, me preguntó por qué no había podido desayunar nada y le empecé a contar lo del Test de Intolerancia Alimentaria. Mientras nos íbamos acercando, yo iba pensando cómo podía invitarle a subir a mi casa sin que quedara demasiado brusco, pero no se me ocurría nada. ¡¡¡Joder!!! Es que esto de llevar tan poco tiempo soltera… ¡¡¡tengo que entrenar más!!!

Ya casi estábamos llegando a mi casa, y yo seguía hablándole de mis intolerancias alimenticias, sin que se me ocurriera ninguna manera de invitarle a subir, cuando de repente me acordé de la lasaña de mi madre y me pareció una excusa perfecta:

  • Así que ahora resulta que no puedo comer toda la comida que tengo, porque está hecha con los ingredientes a los que soy intolerante… como una lasaña que me dio mi madre el otro día, y de la que solo he comido un trocito. Es una pena, porque estaba súper buena pero…
    (Segundos de silencio para ver si me propone comérsela él…)
  • Si que es una pena, sí.
    (Vaya, parece que no lo pilla)
  • Si no fuera porque lleva trigo, queso, etc. me la comería ahora para desayunar… (y de repente le dije, fingiendo sorpresa) ¡¡Oye, ¿y por qué no subes conmigo y te la comes tú?!! Al fin y al cabo te debo un desayuno… que nos hemos ido del bar sin comer nada por mi culpa.
  • Bueno mujer, no pasa nada, jaja. No ha sido culpa solo tuya. Tampoco había mesa libre.
    (Prffff, habrá que hacer otro intento)
  • Te lo digo en serio, que si no la voy a tirar y me parece una pena.
    (¿Colará o no colará? ¿Colará o no colará?)
  • En ese caso acepto encantado, que además tengo un hambre…
    (Yuhuuuuuuuuuuu!!!)

Una vez en mi casa me dí cuenta que no tenía nada que pudiera desayunar yo, y iba a quedar rarísimo ponerle a él el desayuno mientras yo miraba al tendido. ¡¡Mierda, mierda!!.

Mientras calentaba la lasaña en el microondas me puse a rebuscar en los cajones a ver si encontraba algo. Nada de nada, joder!!

  • ¿Y tú que vas a desayunar?
  • Hummmm, me voy a hacer un chocolate. (Mierda, ¿por qué he dicho eso? ¿solo por qué tengo el bote delante de las narices? Soy idiota)
  • Pero ¿el chocolate no se hace con leche?
  • Si… si… pero… humm… ¡¡¡también se puede hacer con agua!!! Además así es más Light (jeje, que lista soy)
  • Ahhh, ya… (con cara de asco) ¿Y está igual?
  • Parecido

¿Parecido? ¡¡Los cojones!! Que asco de brebaje que preparé, me costó horrores no escupir la primera cucharada.
Oliver ni había tocado la lasaña.

  • Se te va a enfríar (dije)
  • Ya, es que en realidad no tengo hambre… He subido porque… Ehmmmm… ¡¡Bueno, venga!! Comeré un poco por probarla.

¿No tiene hambre y ha venido a mi casa a “desayunar”? Jijiji, esto promete!!

Después de tres cuartos de hora en los que: me terminé (no sin poco esfuerzo) el brebaje de chocolate mientras la lasaña de mi madre seguía intacta excepto una puntita… hablamos de nuestros respectivos trabajos, de la monotonía de salir el fin de semana, de la importancia del reciclaje (si sí, como suena)… y hubo dos intentos de acercamiento por mi parte que no recibieron ninguna respuesta… Va y me dice:

  • Bueno Sandrita, pues me voy que ya es tarde
  • Co… co… cómo?!!
  • No tenía hambre, pero me lo estaba pasando bien y me apetecía estar contigo. Adiós!
  • Co… co… cómo?!!

Adios?!!!! Así, sin más??! Sin echar un polvo ni nada?!!!
A ver… que yo puedo entender que el tío no quisiera nada conmigo y de verdad viniera a desayunar… Pero ¡¡¡ENTONCES QUE DESAYUNE!!! Pero si no quería desayunar, entonces ¿¿¿ para que ha venido a mi casa???
O_o

Sí es que venía con intención de echar un polvo pero luego ha reculado, por lo menos podía haber disimulado y comerse la lasana. Yo me hubiera pensado que sólo quería desayunar y no me hubiera dejado este trauma…
Pero en vez de eso… me salta que no tiene hambre…¿¿¿ y se pira así sin más????

¿Para qué viene a mi casa a desayunar, si no quiere desayunar, y no quiere nada conmigo????
Cada vez entiendo menos a los tíos.

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