Como, desde que trabajo en casa, tengo muy poca vida social a diario (muchos días ninguna a excepción de la interacción social del Whatsapp y las redes sociales)… de vez en cuando intento quedar con amigas o ex compañeros de trabajo a tomar café… más que nada para que no se me olvide hablar en voz alta, y por obligarme a salir de casa y no estar todo el día en pijama y esas cosas.

El caso es que esta mañana he quedado para tomar café:

  • con Maira, que también trabaja desde casa y se puede escapar cuando le de la gana
  • y con otra chica que trabaja en un taller de coches y que solamente puede salir un ratito a la hora del descanso

Como Maira y yo tenemos más disponibilidad, nos hemos acercado al trabajo de la otra chica para poder tomar café en el bar que está en frente de su taller y que así ella no perdiera tiempo de trabajo.

Ya lo hemos hecho otras dos o tres veces y todas ellas la chica nos ha invitado al café, por tomarnos la molestia de acercarnos. Esta vez yo ya le dije que iba con la condición de que no pagara ella porque ya me hace sentir mal que siempre nos invite… Así que, hoy, en cuanto hemos pedido los cafés, he sacado la cartera para pagar los tres. Entonces ella ha puesto otro billete en la barra y le ha dicho al camarero “No le cobres a ella, cóbrame a mí”, a lo que yo inmediatamente he respondido “¡¡Cóbrame a mí, que te lo he dicho primero!!”, pero evidentemente se ha dado el caso que todos conocemos de mil veces: que el camarero ha ido a hacer caso a la que conoce desde siempre y que es cliente habitual.

 

En este punto, para los que todavía no me conozcáis demasiado, tengo que decir que yo soy una persona que es dificilísimo que me enfade, pero rabiarme e indignarme son dos estados por los que paso dos veces cada media hora… y por las cosas más nimias, además. Por supuesto, son rabietas internas que me duran medio minuto (como comprenderéis no es que me pase la vida yendo por ahí montando pollos como un basilisco), y por supuesto también, como yo soy de “todo o nada”, la intensidad de la rabieta en ningún caso es proporcional a la gravedad de la circunstancia que me lleve a enrabietarme, jajajaja. Vamos, que a mí las cosas: o no me indignan nada, o me indignan al 100%.

 

El caso es que, cuando el camarero ha ido a coger el billete de mi amiga, me ha dado taaaanta rabia que, después de ir a tomar café con la condición de pagar yo, fuera a saltárselo delante de mis narices… que he mirado alrededor pensando qué podía hacer para salirme con la mía… y al ver que era un bar completamente acristalado con unas vidrieras enormes que iban desde el suelo hasta el techo, he dicho “Que me cobres a mí…. ¡¡¡o te juro que me pongo a chuparte los cristales de todas las ventanas y te las dejo hechas un asco!!!”. 

No tengo ni idea qué proceso mental me ha llevado a pensar que hacer semejante cosa era la mejor opción que tenía en ese momento, jajajajaja, pero lo he debido decir tan absolutamente indignada que el camarero se lo ha creído. Y ha hecho bien, ¡¡¡porque lo decía completamente en serio!!!

 

El caso es que y ha cogido mi billete mientras se partía de risa y le ha dicho a mi amiga “Lo siento, pero ante esa amenaza, gana ella… que no quiero volver a limpiar todos los cristales otra vez después de haberlos pasado esta mañana”.

Cuando hemos vuelto a la mesa en la que nos estaba esperando Maira, yo toda orgullosa por haber conseguido “ganar” la partida y mi amiga descojonándose de la risa por la cara que había puesto el camarero, me ha dicho:

  • Y si llega a coger mi billete, ¿qué hubieras hecho?
  • Pues chupar los cristales. (Dije, encogiéndome de hombros, como si no existiera ninguna alternativa más en el mundo)
  • Jajajajajaja. ¿¿¿¿En serio????
  • ¡Hombre claro! Hummmm… Aunque ahora que lo pienso hubiera sido mejor opción mancharlos metiendo un dedo en el café o algo que no implique tener que pasar la lengua por superficies llenas de gérmenes, jajaja… pero en el momento he dicho eso… ¡¡¡y yo si lo digo, lo hago!!
  • O_o

Maira, que me conoce bastante mejor que ella, solo añadió.

  • Yo ya me estaba separando un poco de la cristalera, porque veía que se tiraba contra los cristales y me llevaba por delante… no te digo más.

 

Desde luego podréis decir muchas cosas de mí… como que me merezco que mis amigos me dejen de hablar por la vergüenza que les hago pasar, o que de mayor voy a tener que acabar medicándome fijo contra la demencia… pero lo que no podéis decir es que no soy una mujer de palabra. 😂😂😂

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