Este fin de semana he estado en la Madrid por la Feria del libro. Siempre que voy a la capital, hay algo que me hace sentir como una cateta de pueblo total.

Hace ya muchos años me flipó ver a la gente pagando las copas en una discoteca con la tarjeta de crédito, el verano pasado quedé como una lerda por no saber que se podía pagar el parking con el móvil. Este año, cuando en la caseta en la que estaba firmando he visto a un señor pasar el móvil por el datáfono me ha parecido que estaba haciendo casi brujería… y así todo el rato, jaja.

Eso ya por no hablar del metro, que con el cambio de que ya no se pueden sacar billetes sueltos y hay que sacar una tarjeta y recargarla, le he tenido que pedir ayuda al de seguridad porque estaba preparando una cola de flipar delante de la máquina y no era capaz de sacar nada en claro 🤦‍♀️🤦‍♀️🤦‍♀️.

Siempre que cojo el metro tengo la sensación de que solo me falta la gallina debajo del brazo para parecer una cateta total. No soy capaz de recargar los billetes, me confundo de líneas… y cuando tengo que cruzar por las puertas esas que se cierran cuando pasas, siempre lo hago corriendo y con cara de pánico porque me aterroriza pensar que se puedan cerrarse cuando estoy en medio y preparar una escena digna de una peli de Tarantino.

Mi hermana siempre me asegura que eso no pasa jamás y, según he ido usando el metro una vez tras otra y viendo que efectivamente no pasa nunca, me he ido relajando… aunque siempre me queda una duda de sospecha.

Este fin de semana, me he quedado loca cuando he descubierto que SÍ QUE PUEDE PASAR.

A una de mis firmas de libros vino un chico con un brazo escayolado y cuando le pregunté qué le había pasado me dijo que le habían pillado las puertas esas del metro y le habían roto el brazo.

Mi pánico resurgió en todo su esplendor porque yo pensaba que si detectaban un obstáculo pararían y no te darían tan fuerte como para partirte algo… pero tenía ante mí la prueba de que sí podía ser así.

Lo primero que se me vino a la mente fue preguntarle si le habían indemnizado y me respondió que estaban en ello porque, como le pasó cuando iba a trabajar y contaba como accidente laboral, justo después de sucederle y pedir ayuda, se puso en contacto con su empresa y sus abogados se habían hecho cargo de gestionarlo todo desde el minuto cero.

El chico me decía que, si te pasa algo así, es un alivio contar con alguien que te asesore legalmente… porque todos sabemos que en situaciones de accidentes o de negligencias, si no tienes un abogado detrás que te respalde o amenace con llevar el caso a juicio, no te suelen hacer ni caso. Pero que aún así era una faena porque entre el tiempo escayolado, las consultas del médico, las pruebas, la rehabilitación etc. se iba a pasar todo el verano con el brazo inutilizado y de baja (y por lo tanto, sin poder salir de Madrid).

Yo seguía todavía en shock imaginándome la escena de las puertas guillotinantes, cuando otro chico que estaba al lado dijo que a él una vez le pillaron en medio las puertas del ascensor de un centro comercial al cerrarse y le partieron dos costillas.

Ese era el dato justo que me hacía falta para acabar de regodearme en mi propia hipocondría.

Entiendo que nada es perfecto y que, por muchas medidas de seguridad que pongas, los sistemas pueden fallar. Y me alegra saber que en el caso de que te guillotinen las puertas del metro, al menos se hacen cargo. Pero a pesar de eso, conocer a este chico y su testimonio ha reafianzado mi terror a verme seccionada por la mitad y ha conseguido que ahora pase casi corriendo la barrera, con cara de terror… usando el bolso como parapeto… y con la consiguiente pinta de cateta total.

Eso sí, internamente me consuela pensar que, aunque de cara al resto de la gente pueda parecer una completa garrula, mi miedo tiene algún tipo de fundamento 😖😖😖.

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    7 comentarios

  1. Vanesa 19 junio, 2019 at 15:56 Responder

    Jajajja me siento totalmente identificada con ese terror!! A pesar de ser una madrileña viviendo en Pucela desde lo 21, y por lo tanto haber cogido metro y tren millones de veces, cada vez que vuelvo a Madrid siento resurgir ese miedo de quedarme a lo Saw “espachurra”

  2. Jose 5 julio, 2019 at 12:33 Responder

    Hola Sandra, es la primera vez que “hablo” contigo de esta manera, ya lo hice en persona en la feria del libro de Madrid, cuando me acerqué por la caseta a que me firmaras tu primer libro, el segundo me lo habías firmado a través de mi cuñada en Santander, te lo comenté, no se si te acuerdas……….
    Bueno, pues te cuento……a mí también me pasó una vez que iba pensando en mis cosas y al pasar por las puertas del metro, no me di cuenta de pasar la tarjeta y se me cerraron y……bufffff…….que daño me hizo leches!!! porque no me lo esperaba para nada!! y me dolió de narices. De la mala leche que me entró le di un manotazo a la parte metálica y también me hice daño………jó un drama, salí totalmente dolorido :( un rollo……..aunque eso sí, ahora lo cuento y me hace gracia (sinceramente…..bastante, porque ya hay que estar embobao para no darte cuenta hasta que no te la has llevao je, je, je :), pero en el momento………aaains

    • Sandra Broa
      Sandra Broa 9 julio, 2019 at 17:06 Responder

      ¡Claro que me acuerdo de ti! Y vaya putada lo de las puertas… :-(
      Yo tengo claro que a partir de ahora andaré con más cuidado.

  3. Alexandra Pozuelo Moreno
    Alexandra Pozuelo Moreno 30 septiembre, 2019 at 02:30 Responder

    Si te sirve de algo, yo soy de Barcelona y la primera vez que fui a Valencia a las fallas, acababan de poner esas puertas del demonio y no me acabaron de gustar por el mismo motivo, por miedo a que me chafaran… con tal mala suerte QUE ME PASÓ, arghpf.
    Peeeeero ¡¡¡ni de lejos me pasó lo que cuentas tú!!! A mí fue como si me me apretujaran por ambos lados, tipo, discoteca petada, ¿que te dan un empujón fuerte? Pues algo parecido. Ni por asomo algo muy doloroso.
    Cuando vi que en Barcelona comenzaban a reemplazar los tornos de siempre por esas puertas me cagué en todo, pero fíjate si hará años ya, y nunca nunca me ha vuelto a pasar. :) Aunque cuando entro por una estación que tiene torno de los antiguos me alegro mucho, jajajaja.

    • Alexandra 30 septiembre, 2019 at 02:36 Responder

      Madre mía, ¿podrías eliminar este post? Te lo he copiado igual debajo pero solo con mi nombre, sin apellidos. Es porque no me mola que salga mi nombre entero por ahí por cuestiones de trabajo y tenía iniciada sesión con acceso VIP…

  4. Alexandra 30 septiembre, 2019 at 02:32 Responder

    Si te sirve de algo, yo soy de Barcelona y la primera vez que fui a Valencia a las fallas, acababan de poner esas puertas del demonio y no me acabaron de gustar por el mismo motivo, por miedo a que me chafaran… con tal mala suerte QUE ME PASÓ, arghpf.
    Peeeeero ¡¡¡ni de lejos me pasó lo que cuentas tú!!! A mí fue como si me me apretujaran por ambos lados, tipo, discoteca petada, ¿que te dan un empujón fuerte? Pues algo parecido. Ni por asomo algo muy doloroso.
    Cuando vi que en Barcelona comenzaban a reemplazar los tornos de siempre por esas puertas me cagué en todo, pero fíjate si hará años ya, y nunca nunca me ha vuelto a pasar. :) Aunque cuando entro por una estación que tiene torno de los antiguos me alegro mucho, jajajaja.

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