Ayer por fin conocí a la novia súper absorbente de Toni. A media tarde me llamó para felicitarme la navidad (Toni, claro… No la novia):

  • ¡Feliz navidad, Sandritaaaa!
  • ¡Feliz navidad, Toni!
  • Habrá que quedar a tomar algo esta tarde, ¿no?
  • Yo he quedado con las chicas a las siete.
  • Yo tengo que ir a acompañar a Maripaz a coger el tren a las ocho, que ya se marcha… Si quieres quedar antes, nos podemos tomar algo en la estación y así te la presento.
  • ¡Ok! (nota mental… intentar recordar que se llama Maripaz y no Evax).
  • Y cuando ella se marche, nos reenganchamos con tus amigas y nos vamos por ahí de juerga hasta la hora que sea…
  • Bueno, tampoco quiero quedarme hasta muy tarde… que tú estás de vacaciones pero yo mañana trabajo, así que no me quiero liar.

Parece mentira que estas alturas de la vida, con treinta y dos castañas a mis espaldas, todavía no haya aprendido que nunca jamás hay que pronunciar las palabras “no me quiero liar”, a no ser que quieras tener la juerga de tu vida. Y efectivamente no solo llegamos tarde a casa… ¡si no que me cogí una castaña peor que la del domingo!

Después de conocer a la novia de Toni, que me pareció una chica muy maja por cierto, quedamos con Enma y Patri.

Pili no pudo venir porque ya había quedado, así que aprovechamos para debatir ampliamente sobre la conversación de Whatsapp que yo había tenido con Diego la noche anterior. Al final, después de pasarme media hora mirando el teléfono, le contesté un insulso “Feliz navidad para ti también”, y él me respondió que “A ver si estas navidades conseguimos vernos algún día… Si es que todavía te apetece verme, aunque cuando esté borracho a veces me comporte como un idiota”. Esa vez ya no me pensé tanto la respuesta y le dije que claro, que yo también tenía muchas ganas de verlo. Se puso muy contento y me contestó “En fin, habrá que quererme así, supongo”.

Todos estuvimos de acuerdo en que estaba claro que me había escrito con la evidente intención de quedar aunque no se atrevía a decírmelo directamente… y ya nos pasamos el resto de la noche debatiendo sobre si debería quedar con él o no. O sea… yo me pasé la noche diciendo que me apetecía mucho quedar con él y el resto dándome motivos para no hacerlo.

 

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