Esta tarde, estaba tomando una caña con mi hermana para despedirme de ella antes de que se marchara de vuelta a su casa, cuando ha escrito Patri en el grupo que tenemos las todas:

  • (Patri) ¡Hola chicas! ¿Qué andáis haciendo? Yo aquí sentada en el terrazo a ver si con el frío se me alivia un poco el chirri, porque ayer quedé con Vlad y todavía lo tengo como un pomelo abierto.
  • (Pili) Jajajaja. ¿Pero por qué has vuelto a quedar con él? Si cuando te “empaló” la otra vez ya dijiste que te había dejado el chirri dolorido una semana.
  • (Patri) Sí, pero hay que reconocer que aunque el coño me lo destroce, la espalda me la deja más enderezada que yendo a diez clases de pilates juntas. Está claro que no se puede tener todo en la vida.
  • (Enma) Yo estoy en casa, que me acabo de despertar de la siesta y me iba a hacer un café… calentito calentito, como el chirri de Patri.
  • (Patri) Jajaja. ¡Qué pena no poder estar ahí! Porque te lo podría calentar solo por proximidad.
  • (Yo) Jajaja. Yo estoy tomando una caña con mi hermana.
  • (Enma) Dale recuerdos, que ayer me lo pasé muy bien con ella.
  • (Yo) Vale. Dice que te los devuelve ella también.
  • (Pili) Anda, ¿ayer estuvisteis juntas? Conmigo hace mucho que no quedáis.
  • (Enma) ¿Y por qué será?
  • (Pili) Ya… Bueno… Es verdad que últimamente ando muy liada y viajando fuera muchos fines de semana, pero ¡esta tarde la tengo libre! ¿Queréis quedar dentro de un rato a tomar algo? No me puedo liar mucho, pero hasta la hora de cenar tenemos toda la tarde.
  • (Enma) Por mi vale. ¿Quedamos a las seis en el bar que está debajo de la casa de Sandra, para que no tenga que andar mucho?
  • (Yo) ¡Mira qué mona mi churri! ¡Cómo se preocupa por mí!
  • (Enma) Ya sabes que siempre.
  • (Pili) Por mí perfecto. Voy a poner una lavadora y voy para allá.
  • (Patri) Hummm. Yo creo que voy a mojar unas bragas y a meterlas en el congelador, a ver luego al ponérmelas me alivian la calentura y no tengo que ir mañana a trabajar andando como un cowboy.
  • (Enma) Jajajajajaja.

A las seis, Enma y yo ya estábamos en el bar de debajo de mi casa, pero Pili no ha aparecido hasta las ocho y cuarto, cuando la habíamos dado por caso perdido y ya casi nos íbamos a ir.