¡Por fin viernes! Como ayer no quedé con Enma al salir de trabajar, hemos quedado hoy un rato por la tarde. Hemos estado tomando una caña y comentando más ampliamente lo de las fotos de Diego de ayer por la tarde (bueno, en realidad cuando digo “más ampliamente” lo que quiero decir es “repetir en bucle una y otra vez las mismas conversaciones que ya habíamos tenido el día anterior”). Luego me ha dicho que ya que estábamos por ahí, por qué no íbamos al supermercado a hacer la compra, y así me la subía ya a casa por si quería cocinar algo mañana por la mañana (¡Ains!, ¡si es que es para comérsela!). Así que hemos hecho la compra, hemos subido a mi casa, y nos hemos quedado tiradas en el sofá de palique y bebiendo una cerveza.

Me ha dicho que encendiera el ordenador para volver a examinar las fotos de Diego del día anterior, a ver si juntas éramos capaces de entresacar alguna información más que se nos escapara mirándolas cada una por separado… Y al meternos en Facebook hemos visto que acababan de añadir a la publicación tres fotos más en las que estaba Diego.

En ninguna de ellas había ni rastro de la zorrita del día anterior, pero para nuestra sorpresa, lo que sí que se veía perfectamente…

  • Ufffff, Sandra. Esto me mosquea bastante más que las fotos de Diego con la zorrita escuálida de ayer.
  • A mí también.
  • No seas pardilla y empieza a dosificar mucho la información, para no estar en desventaja.
  • ¿¿¿Pero en desventaja contra quién???
  • Eso es lo que tenemos que intentar averiguar a partir de ahora.
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