¡Qué guay! Este fin de semana ya es mi último fin de semana de reclusión. Ya no tengo la rodilla hinchada y no me duele nada, así que a partir del lunes volveré a hacer vida normal.

De hecho, estoy tan bien que quería haber salido hoy mismo a tomar unas cañas, porque además está aquí mi hermana, y eso siempre es una motivación extra. Pero Adri no me ha dejado salir. Ha dicho que, como nos da lo mismo emborracharnos fuera de casa que dentro, mejor viene ella a mi casa, y así termino de cumplir el reposo. Sé que tiene razón, pero es que ¡¡estoy tan harta de estar recluida!!

Ha llegado un poco más tarde de la hora a la que habíamos quedado, así que cuando se ha sentado, Enma y yo ya nos habíamos bebido una cerveza:

  • (Adri) ¡Hola chicas! Perdonad que haya llegado tarde, pero es que me he encontrado con Dani, y me ha liado media hora. Ya sabéis lo mucho que habla este chico…
  • ¡Anda! ¿Y qué te contaba? ¿Qué tal está?
  • (Adri) Está igual que siempre.
  • (Enma) ¿Dani? No caigo quién es… ¿Lo conozco?
  • No. Tú no lo conoces, Enma. Es un chico con el que estuve yo saliendo hace mucho tiempo. Con veinte años o así, antes de empezar con mi ex. Es un tío muy majete. De vez en cuando todavía quedamos a tomar un café y eso… Nos llevamos muy bien.
  • (Adri) Yo diría que sorprendentemente bien, sobre todo teniendo en cuenta que una vez casi le partes el cuello, jajajajaja. ¡Yo después de eso no te hubiera vuelto a hablar en la vida!
  • (Enma) ¿Y eso? ¿Qué pasó?
  • JAJAJAJAJAJAJA. ¡Esa es una historia cojonuda! Resulta que él una vez me dijo que le gustaría que alguna vez lo sorprendieran con un rollo “ama dominante del sado”. A mí ya sabes que esas cosas no me llaman nada la atención, pero pensé: “Bueno, si a él le hace ilusión… a mí la verdad es que tampoco me importa mucho”. Así que una tarde, cuando salió de trabajar, le dije que viniera para mi casa. Y ahí estaba yo esperándolo, ni corta ni perezosa, vestida en plan “dominatrix”, con un cinturón de cuero en la mano y con todos los demás accesorios preparados.
  • (Enma) JAJAJAJAJAJAJAJAJA. ¿En serio? Tía, no te imagino… ¡No te pega nada!
  • Uy, pues sí, sí. Con medias con ligueros, botas de tacón de aguja, los labios rojos y toda la pesca, jajajaja. No me faltaba detalle.
  • (Enma) Jajajajaja.
  • Total, que como no se lo esperaba, al verme se quedó boquiabierto. Cuando ya reaccionó y fue a decirme algo, le solté un guantazo y le dije que se callara, que ahí solo hablaba yo o algo parecido… porque yo siempre he sido muy de meterme en los papeles, ya lo sabes.
  • (Enma) Jajajajajajaja. ¿Y qué hizo?
  • ¿Después de pegarle el guantazo? No volvió a decir ni “mu”.
  • (Enma) Jajajaja, ¡normal! ¡Cualquiera se atrevía!
  • Ya, jajaja. Bueno, pues el caso es que después de lo del guantazo, ya no volvió a protestar, así que yo seguí a lo mío: lo amordacé, lo até, le hice las perrerías que me parecieron procedentes… Y cuando ya terminamos y lo desaté, vi que no bajaba los brazos y que tenía una cara muy rara…

  • Así que le pregunté: “¿Qué te pasa? ¿No te ha gustado?”. Y me dice: “Sí, sí, si ha estado muy bien… pero podías haber escogido otro día HIJA DE PUTA, que lo primero que te he ido a decir es que tengo toda la espalda tan contracturada que no puedo mover ni el cuello… y me has tenido casi una hora inmovilizado con los brazos atados por detrás de la cabeza y contigo pegando botes encima”.
  • (Enma) Jajajajajajajaja.
  • Toda una semana estuvo jodido y teniendo que ir a darse masajes en el cuello. Pocas veces me he sentido más culpable en la vida.
  • (Enma) Jajajajajajajajajajajajajaja.
Compartir:
Personajes: , , ,