El otro día me pasó una cosa, que en lo que va de año se ha repetido ya tres veces.

Fue que a raíz de una conversación sobre ir a eventos sociales, yo dije que no hay cosa que más me joda que la gente que va con sus críos y luego se pasan toda la noche molestando al resto. A lo que alguien dijo:

  • ¿Qué pasa? ¿Que no te gustan los niños?
  • Pues no. No me gustan nada.
  • ¿Entonces… no quieres tener hijos?
  • Evidentemente, no.
  • Bueno… Todavía eres joven. Ya te entrarán las ganas de tener hijos más adelante.

“Ya te entrarán las ganas de tener hijos más adelante”. Pocas frases puede hacer que dejen al descubierto lo intolerante, cerrada de mente, y absolutamente PREPOTENTE que es la persona que las dice. ¿Pero quién se cree esa tía para afirmar con esa rotundidad lo que me va a gustar a mí dentro de X años? Y sobretodo: ¿por qué motivo se piensa que su opción es la única válida y que la mía tiene que ser errónea?

 

Y es que… a mí los niños no me han gustado nunca. JAMÁS. Ni siquiera cuando yo también era pequeña. Siempre prefería estar con gente más mayor porque los niños de mi edad me parecían crueles, estúpidos y molestos.

Y tampoco he tenido nunca he tenido instinto maternal. Nunca he jugado a las mamás, ni llevado muñecas en los carritos para darles el biberón. No entendía donde le veían la gracia a eso las demás niñas. A mí me gustaba jugar con los playmobil, las construcciones y los puzzles… O con las Nancys, que ya eran mayores. Pero en cambiarle los pañales a un bebé… pues como que nunca le vi la gracia, que queréis que os diga. (Y sigo sin vérsela).

Al crecer, tampoco entendía la manía que tenían mis amigas de pararse por la calle a hacerles carantoñas a bebés desconocidos. Y es que yo, lo siento mucho, a los niños solo les veo la gracia cuando cumplen los 18 años. Y no para cambiarles los pañales precisamente ;-)

A estas alturas de mi vida, tengo claro que tengo menos instinto maternal que una ameba. Y no creo que se me vaya a despertar… ni ahora ni nunca.

 

Y es que… para gustos los colores.

Un día, tomando el café en el trabajo, una compañera me dijo que cómo pueden no gustarme los niños si son la cosa más bonita del mundo… y yo le dije que de la misma manera que hay gente a la que las serpientes les parecen animales preciosos y fascinantes… y a ella le dan un asco que no las puede ver ni en foto.

  • ¿Estás comparando un niño con una serpiente?
  • Te estoy diciendo que lo que a unos les encanta a otros no tiene porqué gustarles. No seas tan cerril, hazme el favor.

Yo entiendo que para mucha gente tener hijos sea su meta en la vida, y que sin eso se sientan incompletos y todas esas cosas… pero lo que no entiendo es que alguien no conciba que tú puedes tener otros gustos, otras prioridades y otra forma de ver la vida… y que por no tomar la misma decisión que ellos te digan tajantemente que “te pierdes lo más bonito de la vida” o “tú vida esta vacía” o “eres una egoísta porque solo piensas en ti”.

 

Y digo yo… ¿Acaso voy yo por la vida intentando convencer a nadie para que se ligue las trompas? Y ojo, que si la mitad de los idiotas que hay por el mundo se las hubieran ligado, seguramente nos hubiéramos ahorrado el 70% de los idiotas que hay ahora… Pero no voy por ahí diciéndole a nadie “¿Sabes que sería mejor para la humanidad que no te reprodujeras?”, ¿verdad?

 

Tampoco me malinterpretéis. Ya se que si tuviera un hijo sería lo que más querría en la vida... Y que aunque el resto de niños siguieran sin gustarme… sé que querría a los míos más que a nada en el mundo.
Estoy segura de que me quedaría embobada mirándolo cuando fuera un bebé y estuviera durmiendo en su cuna, se me encogería el corazón cada vez que llegara con una herida (aunque apenas fuera un rasguño) y  me preocuparía por él cada segundo de su vida…
Lo sé.
Precisamente ese es el otro motivo por el que no quiero tenerlos: no quiero vivir eternamente preocupada ni supeditando cada segundo de mi vida al de otra persona, que no va a hacer lo mismo por mi (porque está claro que no lo va a hacer… ¡es ley de vida!)

 

Me hace mucha gracia cuando todos los padres dicen tajantemente: “pero luego te compensa”.

Vamos a ver… Es como si un alpinista te dice: “Si no has escalado el Everest… te pierdes lo mejor de la vida. Pasarte día tras día sufriendo… pasando frío, hambre, penurias… en los que te duele hasta el último músculo del cuerpo… y pensando que en cualquier momento te vas a caer despeñado… compensa cuando llegas arriba y ves las vistas que solamente han visto unas decenas de personas. Son las vistas más maravillosas del mundo… y estar ahí hace que se te olvide todo el sufrimiento que te ha costado alcanzar la cima.

Pues me alegro por ti, majo. Pero dudo mucho que a mi me compensara  estar tres meses pasándolas putas para subir una montaña donde no se me ha perdido nada, para llegar arriba con dos meñiques menos porque me los hayan tenido que amputar por congelación, solo para ver un puto paisaje… aunque sea el más maravilloso del mundo.

Y es que la diferencia está en que a mi no me gusta el proceso de la escalada, igual que no me gusta el de la maternidad.

Seguro que si escalara el Everest las vistas me parecerían cojonudas, pero otra cosa muy diferente es que yo no quiera lanzarme a esa aventura porque crea que no compensa el camino, ni las penurias, solo para ver un paisaje.

Aunque sea un paisaje precioso… según los alpinistas.