Jajaja. ¡Qué bien me lo estoy pasando esta semana! Debería estar pintando el mueble de mi salón y escribiendo más en el blog, pero es que no me da la vida. El finde pasado vino Olga y solo va a estar aquí diez días, así que tengo que aprovechar lo máximo posible para estar con ella.

El lunes nos pasamos todo el día cencerreando por ahí: por la mañana quedamos a tomar café y le estuve contando lo que hice el día anterior con el camarero que se parecía a Ara Malikian (que ya os lo acabaré de contar porque da para dos o tres posts más por lo menos, jajaja).

Por la tarde quedamos con las amigas de su madre, porque dos habían dicho que querían un libro mío, dedicado. El plan era haber quedado solamente un rato con ellas y luego irnos nosotras dos de tiendas (porque este finde es el cumpleaños de Espeso y todavía no le tenemos regalo), pero eran unas tías tan geniales y nos lo estábamos pasando tan bien, que al final nos quedamos con ellas hasta las diez de la noche, jajaja.

¡¡Es que eran para verlas!! Yo cuando sea mayor, quiero ser así. Nos vi completamente reflejadas a Olga y a mí dentro de 30 años. Resulta que, aprovechando que se han prejubilado, están viajando por el mundo. La semana pasada acababan de volver de Japón, y como lo tenían tan reciente y estaban tan emocionadas, nos estuvieron contando un montón de cosas del viaje.

 

Creo que alguna vez os he dicho que me encantaría ir a Japón, porque me parece que tiene que ser un sitio alucinante. Tanto las grandes ciudades como Tokio, que tiene que ser impresionante, como las ciudades más pequeñas con un estilo de vida mucho más tradicional, que tienen que tener una magia súper especial.

El caso es que siempre que alguien va a Japón, me encanta que me cuente sus impresiones, porque dependiendo de quien te lo cuente, son experiencias completamente distintas porque a cada uno le llama la atención una cosa diferente: la comida, las costumbres, la arquitectura, la gente… Pero es que esta vez, con la narración de estas dos mujeres, ¡¡no podía parar de llorar de la risa!! Imagináos a dos señoras prejubiladas, que no hablan ni japonés, ni inglés, ni nada… y que son súper hippies y todo se la trae al fresco, porque ya están de vuelta de todo… de viaje por japón. ¡¡Tenían anécdotas súper divertidas ya solo para montarse en el avión!!

Cuando nos empezaron a contar las cosas que les pasaron cuando llegaron allí (hicieron un viaje organizado que incluía una ruta por Tokio, Kioto, Osaka… y otras dos o tres ciudades más), me chocó muchísimo que apenas tuvieran fotos para enseñarnos. En un mundo en el que la gente cada vez está más pendiente de fotografiarlo todo y, a ser posible, compartirlo en las redes sociales, estas dos mujeres nos contaban que ellas muchos días salían del hotel sin llevar ni el móvil, porque literalmente dijeron “si queremos ver buenas fotos, en internet tenemos cientos de ellas infinitamente mejores de las que hubiéramos podido sacar nosotras. Si estás pendiente de hacer fotos no disfrutas el momento porque no te sumerges tanto en el viaje ni te implicas tanto, así que preferimos disfrutar de los momentos en vez de hacer fotos a cualquier tontería”. Nos contaban que, cuando por ejemplo visitaban un templo, les contaban la historia y las curiosidades de cada uno (llevaban guías que se lo contaban en español, claro) y después les dejaban un rato libre para que cada uno hiciera lo que quisiera por allí, antes de ir al siguiente punto de la visita… Y que, mientras el resto de la gente estaba haciendo fotos, ellas cerraban los ojos y se concentraban en captar los olores o los sonidos del sitio. “Esas sensaciones no se las ha podido traer nadie en una foto”, dijo una de ellas. Y tiene toda la razón. Hay cosas que solo las puedes disfrutar en el momento de vivirlas.

 

Creo que precisamente eso es por lo que oriente me llama tanto la atención. ¡¡¡Porque todo tiene que ser taaaaaaaan diferente!!! Quiero decir que, a mí personalmente, me parece que entre los diferentes países de Europa no hay demasiada diferencia cultural. No veo cambios de vida realmente significativos entre una ciudad italiana y una belga (o por lo menos no más de la que hay entre una ciudad del sur de España y una del norte). Las grandes ciudades europeas tienen todas sus particularidades (evidentemente), pero en el fondo son todas muy similares… Habiendo estado en Madrid, no me parece que visitar Roma o Londres te suponga un choque cultural de ningún tipo. Nada que ver con irte a Asia y visitar Nueva Delhi, Bangkok, Tokio o Pekin.

Y me refiero a cosas totalmente cotidianas. Estas señoras, por ejemplo, nos dijeron que les había impactado muchísimo el completo silencio que había en Japón. Incluso en Tokio, en una avenida enoooorme llena de gente, decían que había un silencio sepulcral… porque allí apenas hay coches y los que hay son eléctricos, y la gente camina en completo silencio o hablando tan bajito que, incluso cuando se dirigen a ti a menos de un metro, apenas los oyes.

Una decía que lo que más le había impresionado de las grandes ciudades japonesas, había sido precisamente eso. No las luces, ni las tiendas, ni las comidas… Si no el hecho de estar en un sitio tan concurrido, con tanto trasiego de gente… y que se pudiera escuchar el vuelo de una mosca. Me pareció súper curioso.

 

Mi hermana estuvo de vacaciones en Bali el verano pasado y decía lo mismo. Que las cosas que más le chocaron eran cosas que ni siquiera se había planteado.

A ella también le encantó todo de su visita: la comida, la gente, las playas, los paisajes… pero que lo que más le impactó, según ella, fueron las sonrisas. Nos contaba que daba igual mirar a una mujer que viniera cargando con barreño de agua en la cabeza desde hace dos kilómetros para poder lavar la ropa, que a un niño con toda la ropa rota y jugando con un palo y una piedra porque no tenía más juguetes… ¡todos estaban siempre con una sonrisa que no les cabía en la cara! Se pasó allí solo dos semanas, y se empapó tanto de la filosofía de vida tan alegre y despreocupada que tenían que cuando volvió España le pareció un sitio con gente completamente gris, porque echaba de menos la felicidad que irradiaba allí la gente.

Decía que estamos completamente equivocados porque a los que nos tienen “engañados como a chinos”, es a nosotros, que vivimos tan agobiados arrastrados por la sociedad consumista en la que vivimos, que no tenemos tiempo ni ganas de sonreir, jaja.  Me pareció súper curioso que en tan poco tiempo pudiera cambiar tantísimo el chip.

 

Olga también nos estuvo contando sus aventuras, porque ha hecho varios viajes a la india (uno hace más de diez años y otro hace dos) y dice que no le importaría volver a ir, porque evidentemente la india es muy grande y se ha quedado todavía con ganas de ver muchas cosas, porque esos dos viajes han sido las experiencias más enriquecedoras que ha tenido nunca.

El caso es que, hablando de viajes, de filosofía oriental, de disfrutar los momentos y ser un poco más feliz… se nos pasó la tarde con ellas sin hacer nada más. Cuando llegué a casa y vi mi salón desmontado con todos los muebles desperdigados y todos los botes de pintura por ahí tirados… los vi con otra perspectiva.

Tenían razón las dos señoras en que hay que disfrutar el momento y vivir implicándote más en lo que vives en vez de en lo que “deberías” estar haciendo en vez de en disfrutar de lo que estás viviendo en ese momento… Porque no hay nada más importante en la vida que disfrutar.

 

Así que, he reordenado mis prioridades para esta semana:

  • Primera: disfrutar todo lo posible de Olga la semana que le queda de estar aquí
  • Segunda: comprar un regalo de cumpleaños súper molón para regalárselo a Espeso este fin de semana, que para eso es una de las personas que más alegría me ha dado conocer en este último año, y que el pobre siempre está pendiente de mí
  • Tercera: sacar media hora cada día para seguir haciendo los ejercicios del BBG, porque cuando te sientes bien físicamente también tienes más energía y estás más feliz… y ya estoy empezando a notarme mejor
  • Cuarto: el resto de las cosas, que son “posponibles” en el tiempo. Porque el mueble lo puedo pintar la semana que viene y contar lo del camarero tambien… pero el cumpleaños de Espeso y la visita de Olga, no.  ;-)

 

 

Imágenes de Bali cedidas por mi hermanita querida
Imágenes de Japón sacadas de grandvoyage.com

 

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