Segunda semana consecutiva de palizas en el gimnasio. Si se supone que ya debería haber cogido algo de fondo físico y cada vez debería cansarme menos al hacer los ejercicios… algo no va bien, está claro… porque salgo cada día exactamente igual de reventada que el primero.

Además, esto de hacer tanto ejercicio de repente, me tiene totalmente descompensada. Como he pasado en tan poco tiempo de no hacer absolutamente nada en todo el día a meterme unas palizas de tres horas de gimnasio a diario… mi cerebro debe estar despistadísimo sobre la cantidad de energía que necesita… y me paso todo el día con unos ataques de hambre que no son ni medio normales.

Todas las noches saco un tupper del congelador, para que se descongele y llevármelo al trabajo al día siguiente para comer. Bueno, pues anoche saqué uno de lentejas para llevármelo hoy, y esta mañana me he levantado con taaaaanto hambre ¡¡que me lo he zampado para desayunar!! Un plato de lentejas enterito, con su trozo de carne, su chorizo y su todo… que me he metido entre pecho y espalda ¡mientras me bebía el café!

Evidentemente, antes de irme, he tenido que sacar otro tupper y descongelarlo en el microondas para llevármelo a la oficina. Me lo he comido a la una y media, antes de ir al gimnasio… y aún así, cuando he salido del gimnasio y he vuelto a la oficina, tenía taaaaaanto hambre que he parado en el kiosko a comprar una bolsa gigante de gusanitos y otra de gominolas. He llegado a la oficina, me he comido los gusanitos, me he comido las gominolas, me he comido lo que quedaba de un paquete de Donettes que tenía la Bolli, un par de tortas de arroz y una manzana que me ha dado otra compañera de trabajo… y aún así seguía con hambre.

Por lo menos sí que es verdad que el gimnasio me está sirviendo para ir cogiendo poco a poco algo más de fuerza y de seguridad. De hecho, hoy, al volver de trabajar he decidido parar en el supermercado para comprar algunas cosas que me hacían falta (porque al ritmo que estoy comiendo, mis reservas del frigorífico van bajando vertiginosamente), y por primera vez en muuuucho tiempo he conseguido una compra grande sin necesitar ayuda de nadie. Hasta ahora no podía hacer la compra yo sola porque en el supermercado no tenía manos libres con las que coger una cesta e ir llevándola de un lado para otra, porque necesitaba las dos manos para andar con las muletas. Pero como ahora ya puedo andar pequeños tramos sin ellas, he cogido las dos muletas en una mano… la cesta en otra… y he recorrido los pasillos del supermercado arrastrando la cesta. Al paso de las muñecas de Famosa… ¡¡pero he conseguido hacer la compra yo solita sin ayuda de nadie!!

Para volver a casa he tenido que meter la compra en una bolsa de asas largas y ponérmela en la espalda como si fuese una mochila, porque para ir por la calle necesitaba tener las manos libres otra vez para coger las muletas… ¡Pero lo he conseguido sin problema! ¡¡VUELVO A SER AUTOSUFICIENTE!! Ahora, como recompensa, me voy a preparar un calimocho que me he comprado como premio… y que estoy segura que me ha a saber ¡¡¡a libertaaaad!!!

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