Cada vez que cambia el tiempo (sobre todo con el frío y humedad), se me hincha la rodilla y me molesta. Cuanto más hinchada está, más veces me pasa lo de que se me encasquille al ir andando y me tenga que parar cada poco a sacudir la pierna para que me cruja y poder seguir andando… como me pasaba con mi hermana en Navidades mientras íbamos adelantando (y volviendo a adelantar) a la gente por la acera.

El caso es que hoy, según volvíamos del café, yo iba diciendo:

  • ¡Joder, que asco! A ver si se asienta el tiempo de una vez… porque últimamente estoy coja un día sí, uno no…
  • Ya. Yo no sé ni qué ponerme… —Dijo otra compañera—. Si cojo el plumas tengo calor, con la gabardina me congelo. Oye, Bolli, ¿y tú no tienes frío solo con esa cazadora?
  • No, yo es que siempre estoy caliente… Al revés que Sandra, que parece un pingüino. Mírala: con el plumas por debajo de la rodilla, las botas de pelo, el gorro, la bufanda subida hasta media cabeza, los guantes… ¡Ni que estuviéramos en el Polo Norte! Jajaja.
  • Es que odio el puto invierno. El frío me deja aterida. Con lo feliz que soy yo en verano a cuarenta grados… ¡Uy, parad un momento… que ya se me ha encasquillado la pierna!

He parado en seco y me he puesto a sacudir la rodilla en el aire para que me crujiera, cuando de repente he oído que la Bolli estaba haciendo unos ruidos rarísimos detrás de mí. Me he dado la vuelta y la he visto toda concentrada haciendo unos aspavientos que recordaban a una grulla karateka con epilepsia:

  • ¡¡¡Uaaaaaaa!! ¡¡Ris ras!! ¡¡Uooooooooooo!!

  • Pero ¿qué coño estás haciendo?
  • Solidarizarme contigo… Si hay que pararse en mitad de la calle a hacer el ridículo, pues lo hacemos todos… ¡Que no se distinga quién es la tullida del grupo!
  • ¡¡¡Yiaaa!!! ¡¡Uooooooooooo!!

Jajajajaja. ¡Me parto! ¡Qué maja!

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