Después de eso, me ha mandado hacer sentadillas:

  • ¿Pero cuando se va a terminar esta tortura? Ya llevo aquí más de una hora y media…
  • Tendrás que estar lo que haga falta para recuperarte… digo yo. ¿No?
  • Sí…
  • Pues vamos… ¡Empieza a hacer sentadillas!
  • Ufffff… no… no puedo… Lo siento, pero no tengo tanta fuerza como para doblar y estirar ese ángulo… Se me queda la rodilla como trabada… No sé como explicártelo mejor…
  • Hummm. Entiendo… ¡Espera un momento! (Y volvió con una pelotita). Póntela entre las rodillas y apriétala un poco para que no se caiga.
  • ¿Así?
  • Sí, muy bien. Y ahora vuelve a intentar hacer las sentadillas.
  • ¡Hala! ¡Así sí que puedo hacerlo! ¿Por qué sin pelota no podía, y con pelota sí?
  • Porque la pelota te obliga a mantener la posición. Te hace de guía para que no se te muevan las rodillas, y por eso puedes flexionarlas.
  • ¡Hay que joderse! Lo que es saber…
  • Venga. Haz cinco series de diez repeticiones, que todavía te quedan más ejercicios después de este.

Después de eso me ha hecho tumbarme en el suelo con una pelota pequeña debajo de la rodilla izquierda, y me ha dicho que la tenía que aplastar contra el suelo cincuenta veces. Y, por último, para terminar los ejercicios de pierna, me ha mandado volver a ponerme la pelota blanda entre las rodillas y achucharla apretando las piernas para fortalecer los abductores.

Si no he contado mal son un total de siete ejercicios de pierna (más la media hora de bicicleta). Como los hago despacito y descanso bastante entre serie y serie (porque si no se me cansa la rodilla), eso hace un total de ¡¡dos horas y media!!

  • Con esto ya he terminado todos los ejercicios de pierna, ¿verdad?
  • Sí.
  • ¡Vale! ¡Pues hasta mañanaaa!
  • ¿Cómo que hasta mañana? ¿Dónde te crees que vas? Todavía te falta hacer espalda, bonita.
  • ¿¿Espalda?? La espalda la tengo bien… Con hacer rodilla me vale.
  • De eso nada. Tú no sabes lo importante que es la espalda… Además, no se puede trabajar solo una parte del cuerpo porque estarías descompensada.
  • Pe-pe-pero… ¡¡es que ya llevo aquí dos horas y media!! Y todavía tengo que comer y volver a la oficina para completar las horas de mi jornada laboral…
  • Por eso solo te voy a mandar hacer espalda, que es lo básico-básico. Según vayas haciendo los ejercicios más rápido y tardes menos en terminar, te iré mandando también abdominales, brazo, hombro… Pero espalda hay que hacer siempre. Así que vamos, que cuanto antes empieces antes acabas.

Tres horas de reloj he estado al final allí. ¡¡¡TRES HORAS!!! Si a eso le sumamos lo que tardo en cambiarme más lo que tardo en ir y volver del gimnasio… hace otra hora más. En total: CUATRO HORAS al día que voy a perder a diario a mayores de las que tengo que estar en el trabajo. Eso quiere decir que al final he salido de trabajar a las nueve de la noche… y sin hacer horas extras.

Enma se ha extrañado de que no contestara a los Whatsapp que me había mandado en toda la tarde para contarme lo de su entrevista… pero cuando le he dicho que no le había podido hacer caso hasta esa hora, porque me había pasado cuatro horas metida en el gimnasio, ha flipado.

Cuando por fin he llegado a casa no me quedaban fuerzas para hacer absolutamente nada… Y lo peor es pensar que ¡¡me quedan otros cuatro días seguidos de exactamente la misma rutina, sin poder descansar ninguno entre medias!! Menos mal que había dejado comida hecha para toda la semana porque ¡ni ganas para hacer la cena hubiera tenido!

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