Jajajaja. Me meo de risa con mi padre.

Resulta que mi madre se ha tenido que marchar unos días al pueblo, y mi padre se ha quedado solo en casa. Así que anoche me llamó para decirme:

  • Oye hija, ¿quieres venir mañana a comer conmigo y así no comemos solos?
  • ¡Claro, papi! ¿A que hora quieres que esté allí? ¿A las dos?
  • Vale. ¿Y qué te hago para comer? ¿Una ensalada? Tengo cuatro lechugas del pueblo, que si no se van a poner malas…
  • Por mi perfecto. Yo en verano siempre como ensaladas.
  • ¿Y qué más le echo? Si quieres puedo cocer unas pechugas de pollo y le echo un tomate, un poco de cebolla y una pechuga de pollo y así es más contundente. Es lo que me he hecho yo hoy para cenar. ¿O no puedes comer cebolla? ¿Eres intolerante a eso? (mi padre nunca se acuerda a las cosas a las que soy intolerante)
  • No no. Puedo comer cebolla, no te preocupes. Lo que has dicho está perfecto.

El caso es que hoy he ido a comer con él, y como no podía ser de otra manera, me había puesto la fuente más grande que tenía mi madre, llena hasta arriba de lechuga (ya sabéis que es un exagerado para todo). Vamos, que más que un plato de ensalada parecía el pesebre de una vaca, jajajaja.

Yo ya contaba con que me hiciera una ensalada de semejantes dimensiones, porque ya lo conozco, pero lo que me ha llamado la atención es que él tuviera un plato de algo que parecía caldo:

  • ¡Anda, papá! ¿Y tú no vas a comer una ensalada como la mía?
  • No, porque yo ya la cené ayer, y si no me aburro de comer todos los días lo mismo.
  • ¿Y tú que te has hecho?
  • He cocido pollo con un poco de arroz, cebolla y media lechuga.
  • 😲 Jajajajajaja. ¿Has cocido la lechuga?
  • ¡Anda claro! ¿No se cuecen las espinacas? Pues la lechuga igual, que no son tan diferentes.

 

Jajajajajaajajaja. Desde luego, creo que está bastante claro de quién he sacado el talento para la cocina…

😂😂😂