Estuve chateando con mi hermana, con Toni, con unas amigas del pueblo… (por supuesto, pensé en escribirle a Diego, pero para variar, pese a que me acordé de él prácticamente el primero, me aguanté las ganas). Y buscando alguien más a quien pudiera escribir para charlar un rato, me acordé del boxeador. Como no había vuelto a verlo desde aquel día en que me pasó a buscar por el trabajo cuando tenía la cocina desmontada, me di cuenta de que ahora sí que le podía escribir diciéndole que quedásemos. Pensé que, si andaba por ahí, sería un buen plan que me pasara a buscar en coche y me dejara en casa… con final feliz. Así que le escribí un Whatsapp…

Justo entró por la puerta Oliver, acompañado de otro chico que yo no conocía.

  • ¡Hola chicas! Iba a preguntar qué tal estáis, pero ya veo que tan bien como siempre (y me guiñó un ojo mientras lo decía, siguiendo su tónica habitual de tontear con todas… y de no hacer nada con ninguna).
  • Hummm, no tan bien como tú… pero habrá que conformarse —le dije yo, siguiéndole la bola—. ¿Dónde andabas? Te estábamos echando de menos… Y con estábamos, quiero decir YO (guiño guiño) —añadí—.
  • Jajaja. Es que…

Yo todavía estaba alucinando de que Oliver me hubiera dicho eso, cuando el chico nuevo dijo:

  • Pero vamos a ver… ¿Ahora estás hablando de comida o sigues hablando de sexo? Porque yo ya me estoy perdiendo…
  • Jajaja. No es por nada pero esta conversación se os está yendo de madre… —Dijo Paco-Will—. Yo creo que esta conversación deberíais terminar de resolverla entre vosotros dos.
  • ¡Eso digo yo!…

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