Hoy también me he levantado con la rodilla hecha un asco. Puede que además de por los cambios de tiempo sea porque ayer me pegué una paliza de hacer cosas en casa y no me senté ni un momento en todo el día. Pero es que hacía mucho que no me quedaba un día en casa para hacer “mantenimiento” y estaba bajo mínimos de comida, de ropa limpia y de todo.

Me puse desde por la mañana a cocinar y a media tarde ya tenía cinco tuppers de lentejas, otros cinco de cocido, cuatro de arroz con verduras, cuatro de guisantes con jamón… y sopa de pescado para cenar por lo menos hasta el jueves. Además de cocinar todo eso y de ir fregando todos los cacharros que iba manchando, también pasé el aspirador, fregué toda la casa, limpié el baño a fondo (que falta me hacía), cambié la funda del edredón nórdico, puse dos lavadoras, tendí la ropa y me teñí el pelo. Todo cosas que hay que hacer estando de pie… Así que al final del día, tenía muchísimas cosas hechas, pero el esfuerzo le pasó factura a mi pobre rodilla… que ya no daba más de sí.

Aún así, me he dado cuenta de que (pese a que me duele la pierna mucho más que la semana pasada), estoy mil veces mejor que hace dos meses cuando empecé a trabajar. Como normalmente se evoluciona muy poco a poco, no te das cuenta de lo has mejorado hasta que no haces balance echando la vista hacia atrás… pero hoy he recordado que cuando me iba a reincorporar a mi trabajo también tuve que hacer un día de estos de cocinar intensivamente y solo pude hacer lentejas un día y cocido ¡¡¡al día siguiente!!!, porque lo tenía que hacer todo a la pata coja y solo de hacer eso ya tenía la pierna destrozada. Ahora he podido hacer muchísimo más que aquella vez, lo he podido hacer todo seguido en el mismo día, y estando de pie ¡apoyada en las dos piernas! Así que, en vez de pensar en lo mucho que me duele la pierna hoy, me voy a quedar con lo positivo y pensar todo lo que he mejorado en estos dos meses.

Como además ya había quedado con Enma en ir solo al tercer tiempo por la tarde, me acosté completamente feliz pensando en que iba a poder dormir a pierna suelta sin tener que madrugar. Bueno, que para ir a los partidos de rugby madrugar lo que se dice madrugar tampoco hace falta… pero para Enma y para mí todo lo que sea levantarse antes de las 12:30 un fin de semana es un castigo innecesario. Así que, hemos decidido que a partir de ahora vamos a pasar de los dos primeros tiempos (osea, del partido), y vamos a ir directamente al tercero, que es el que más nos gusta… porque total, si pasa algo con Paco-Will es mucho más probable que pase estando borracho en la sede, que pasando frío en el campo.

Hemos llegado allí a las seis de la tarde, cuando los demás ya llevaban un buen rato bebiendo… lo cual explica el comportamiento tan animado y más amistoso de la cuenta que tenían la mayoría. Pili se ha pasado toda la tarde hablando en spanglish con un jugador de rugby inglés, que tenía la cara colorada como un cangrejo y al que Enma y yo le hemos calculado unos treinta y cinco años. Nos hemos quedado de pasta de boniato cuando Paco-Will (que hoy estaba solo porque Oliver no había salido) nos dijo que solo tenía veinticuatro. De verdad que yo no sé que leches pasa con los jugadores de rugby, que todos aparentan muchos más años de los que tienen (sobre todo los extranjeros). De cuerpo están bien (bastante bien, de hecho), pero de cara están todos SÚPER cascados.

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