Ayer, Javi me hizo tener una revelación.
Y no estoy hablando de que me hiciera llegar al limbo a base de orgasmos ni nada parecido, eh? Estoy hablando de otra cosa.

Después de una noche en la que estuvo bastante más cariñoso de lo habitual (aunque él insistía en que estaba igual que siempre), nos pusimos a hablar (que es una cosa que tampoco habíamos hecho nunca antes).
Me empezó a preguntar por la rodilla, por cómo llevaba la rehabilitación, por cómo me afectan los cambios de tiempo… Y lo estuve poniendo al día de mis penas: que si estoy haciendo rehabilitación por mi cuenta, que me paso allí tres horas al día y no tengo tiempo para nada… y llego reventada al fin de semana… y que encima sigo coja y bla bla bla…

Cuando ya le había pormenorizado todas mis desgracias me dijo algo como “Que raro se me hace oírte hablar tan pesimista. Quiero decir… que lo llevas con humor… pero aún así solo cuentas cosas negativas… se me hace muy raro en tí…”.

Fue como un mazazo.

Me dí cuenta de que tiene razón.
Yo NUNCA he sido tan negativa. Llevo una época en la que no hago más que quejarme por todo… y me sorprendió que tuviera que ser precisamente alguien que me conoce tan poco como Javi el que me lo dijera.
De repente me dí cuenta de que últimamente he dejado de lado dos cosas que son los pilares de mi forma de ser… y NI SIQUIERA ME HABÍA DADO CUENTA!!

  • La primera de ellas:

Con 17 años se me salió la rótula por primera vez… y me jodía muchísimo ver cómo mis compañeros de clase corrían, saltaban, y practicaban cualquier tipo de deporte… mientras yo estaba relegada a un banco porque si hacía algún movimiento brusco se me podía volver a salir la rodilla. Me preguntaba continuamente que “¿por qué yo?” y “¿por qué tan joven?”.
A los pocos meses se me salió otra vez… y al año siguiente me operaron.
Y evidentemente, después de operarme…me mandaron a rehabilitación.

Nunca me olvidaré de la primera vez que entré en la sala de rehabilitación.
El fisio que me habían adjudicado había salido… así que me dijeron que me sentara a esperarlo.
Mientras estaba allí sentada ví: a una chica que no tendría ni 30 años a la que le estaban enseñando a andar con unas piernas ortopédicas porque había perdido las suyas en un accidente de coche… también había un niño de unos 4 o 5 años que estaba aprendiendo a andar con un aparato como el de Forrest Gump porque sus piernas eran muy débiles y no lo sostenían por si mismas, y a unas gemelas de 3 añitos o así, que iban porque una de ellas tenía problemas motrices y estaban intentando que mejorara (solo una tenía ese problema, pero les mandaban hacer los ejercicios a las dos para que no se sintiera sola).
De todas esas cosas, evidentemente me fuí enterando después… pero el panorama que ví al llegar fué ese.
Y me impactó.
Muchísimo.
He estado otras veces en rehabilitación más veces… y nunca ha vuelto a coincidir que me haya encontrado con gente que estuviera tan mal, ni con niños tan pequeños… Pero justo la primera vez fué así… para restregarme bien en los morros mis “¿por qué yo?” y “¿por qué tan joven?”.
En realidad, supongo que en ese momento habría mucha más gente allí (el gimnasio era muy grande) con lesiones más leves que no se notaran a simple vista, o que tuvieran los problemas en otras partes del cuerpo… pero cuando tú tienes mal una cosa… tiendes a fijarte más en eso… y en mi caso eso son siempre las piernas.

Después de estar mirando ese panorama los diez minutos que me tocó esperar a que llegara mi fisio… me prometí que nunca jamás volvería a quejarme de mis piernas
Aunque las tenga hinchadas y deformes, aunque me duelan cuando cambie el tiempo, aunque no pueda hacer movimientos bruscos… son mis piernas, y no voy a tener otras mejores que estas…
No serán las mejores piernas del mundo pero me permiten llevar una vida normal… y eso ya es más de lo que mucha gente tiene.
Me dí cuenta de que no tenía derecho a quejarme… y me prometí a mi misma, no solo que no volvería a hacerlo, si no que daría las gracias cada día por ellas (y por todas las demás partes de mi cuerpo que funcionan como deben… que son la mayoría!!).

Cuando por fin llegó mi fisio y lo conocí… hizo que me reafirmara aún más en esa idea: era un hombre encantador… una de las personas más alegres que he conocido en toda mi vida… y era ciego.

Creo que desde entonces… y hasta este año, nunca había dejado de ver mi vida así… como algo privilegiado.
Cuando Javi me dijo que solo hablo de cosas negativas, me vino a la cabeza una conversación que tuve el otro día justo antes de llegar al trabajo… Estaba parada en un semáforo y una señora muuuuy mayor me vió con las muletas y me dijo que “Vaya, que que pena, que tan joven. Que qué me había pasado… que si con la humedad estoy peor… que claro, que ella también… que en verano el sol le viene muy bien… que si yo también lo noto… etc”.
Tener esa conversación de igual a igual con una señora que podría ser perfectamente mi abuela… me hizo replantearme que pinta debo tener para el resto de la gente… y llegué al trabajo un poco deprimida…
La depresión no llegó más lejos que la hora del café… porque nos pusimos a hablar de los precios de los condones y otras cosas por el estilo y ya se me olvidó el tema… pero en el momento si que me dió que pensar.

  • La segunda de las cosas que suponen otro pilar en mi vida:

Hace unos años, por navidades le regalaron a mi madre el libro de “El Secreto” (seguramente muchos lo conozcáis porque fué un best-seller, y se habló mucho de él).
El caso es que a mi madre le encantó, así que cuando se lo terminó nos regaló uno a mi hermana y otro a mí.
Básicamente y muy resumidamente, es un libro que dice que todo y todos somos energía, y que tendemos a atraer hacia nosotros energía que esté en la misma sintonía que la nuestra… de manera que si nos estamos todo el día quejando de que nos pasan cosas negativas lo único que conseguiremos es atraer más cosas negativas para poder quejarnos más sobre ellas… si nos quejamos de la cantidad de deudas que tenemos, atraeremos más deudas… y si nos quejamos de lo malos que estamos, atraeremos más enfermedad.
Por el contrario, si agradecemos estar sanos, atraeremos más salud… si agradecemos que la gente nos quiera, atraeremos más cariño… si agracemos todo el dinero que tenemos, tendremos más… y así sucesivamente.
Dicho así suena un poco estúpido (bueno, desarrollado también le parece estúpido a mucha gente), pero a mí me encantó y desde entonces me pasaba el día agradeciendo por todas las cosas buenas que tenía… Y durante una época mi vida era alucinante… solo me pasaban cosas buenas.
A mi ex siempre le llamaba mucho la atención que la gente se pare tanto a hablar conmigo y siempre sea para ayudarme, hasta un nivel que es exagerado (como lo del tío que me acompañó a casa con el paraguas para que no me mojara). A él le pasaba justo lo contrario… hasta un nivel exagerado también: se encontraba con todos los idiotas del mundo!!! Podía ir andando por la calle y que pasara un tío y le pegara un empujón o empezara a gritarle buscando bronca… Siempre me decía que no le gustaba nada que fuera sola por la calle, por si me pasaba algo… que con la cantidad de gentuza que hay suelta… y yo le decía “Pero es que yo no me la encuentro!!!”
No sé en qué momento dejé de aplicar “El Secreto”… pero creo que ya es hora de retomarlo!!!

Así que para empezar… se acabó lo de quejarme de que no tengo tiempo para nada!!
No puedo estar llegando a casa todos los días a las nueve y pico de la noche, que ya no tengo tiempo ni de comprar, ni de cocinar, ni poner lavadoras ni nada… porque llego tan cansada que solo quiero dormir. Y el fin de semana lo mismo. De hecho cuando llega el domingo ya estoy pensando “joooooo, mañana lunes… ya no tengo un respiro hasta el viernes”. Y sólo pensar eso me deprime un montón.
Así que hoy ya le he dicho a mi monitora que a partir del mes que viene, me tomo los miércoles libres… porque necesito un descanso entre semana. Así aprovecho ese día para comprar, tomar una caña con Enma y hacer tareas básicas de maruja… y llegar al fin de semana más descansada.
Y hoy ya veo la semana de otra manera!!!

muletas_aparcadas

Y a partir de ahora se acabó el hablar de que mi pierna está mal…
NO pienso volver a decir que si me duele, que si está hinchada… Por lo que a mí respecta la tengo perfectamente: puedo andar, salir de fiesta y lo que me dé la gana, porque la tengo fuerte y estable (y me lo voy a repetir todo el día, hasta que sea verdad).
Así que siguiendo esta nueva filosofía, hoy he dejado las muletas en casa, y no pienso volver a cogerlas!!!
Se van a quedar detrás de la puerta, hasta que el fin de semana vaya a casa de mi madre a llevárselas y se queden allí para siempre.
(El último comentario que pienso hacer al respecto de esto, es que he tardado el doble en llegar al trabajo porque he tenido que ir parándome cada poco y al llegar la tenía algo dolorida… pero he llegado hasta allí. Y he ido al gimnasio. Y he vuelto!!!! Sin necesidad de muletas.)

Y todo gracias a Javi, que me abrió los ojos el sábado.
Bueno… primero me abrió las piernas, pero luego me abrió los ojos  ;-P

Creo que ha sido el polvo más provechoso que he echado en mi vida!!
^_^

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Y para que véais el poder que tiene la actitud y la fuerza de voluntad… ¡¡¡lo conseguí!!!
Aunque los médicos no me dieran ninguna esperanza…
Y en menos de un año!!!


Lo conté hace poco en este otro post: “No tan mala pata