Después de eso, hace unos años, también pasó otra cosa que me cambió de nuevo un poco la vida.

Resulta que por Navidades le regalaron a mi madre el libro de “El Secreto”, que era el best-seller revelación de ese año… y le gustó tanto que cuando se lo terminó nos regaló uno a mis hermanos y otro a mí.

Básicamente (y muy resumidamente), es un libro que habla de la ley de la atracción, que explica que todo (y todos) somos energía y que tendemos a atraer hacía nosotros energía que vibre en consonancia con la nuestra… de manera que si nos estamos todo el día quejando de que nos pasan cosas negativas lo único que conseguiremos es atraer más cosas negativas… si nos quejamos de la cantidad de deudas que tenemos, atraeremos más deudas… y si nos quejamos de lo enfermos que estamos, atraeremos más enfermedad. Por el contrario, si agradecemos estar sanos, atraeremos más salud… si agradecemos que la gente nos quiera, atraeremos más cariño… si agracemos todo el dinero que tenemos, tendremos más… y así sucesivamente.

Dicho así suena un poco estúpido (bueno, desarrollado también le parece estúpido a mucha gente), pero a mí me encantó y desde entonces me pasaba el día agradeciendo por todas las cosas buenas que tenía… Y durante esa época mi vida fue alucinante… ¡solo me pasaban cosas buenas! En general la gente suele ser muy amable conmigo… a veces hasta un nivel exagerado (como lo del tío aquel que me acompañó a casa con el paraguas para que no me mojara)… pero esa época fue mucho más exagerado todavía de lo normal.

Recuerdo que a mi ex le pasaba justo lo contrario, hasta un nivel exagerado también: ¡se encontraba con todos los idiotas del mundo! Podía ir andando por la calle y que un desconocido le pegara un empujón sin venir a cuento de nada, o que empezara a gritarle buscando bronca… Siempre me decía que no le gustaba nada que fuera sola por la calle por si me pasaba algo, porque hay mucha gentuza suelta… y yo siempre le decía “¡¡Pero es que yo a esa gente no me la encuentro!!”. Y eso reafirmaba más mi convicción en la ley de la atracción.

 

No sé en qué momento dejé de aplicar “El Secreto” y de sentir gratitud por todo lo bueno que tengo (incluyendo mis piernas)… pero creo que ¡¡¡ya es hora de retomarlo!!!

Así que para empezar: se acabó lo de estar todo el día quejándome de que no tengo tiempo para nada. No puedo pasarme la vida llegando a casa todos los días a las nueve y pico de la noche porque a esa hora ya no tengo tiempo ni de comprar, ni de cocinar, ni poner lavadoras ni nada… y porque llego tan cansada que ya solo quiero dormir… Lo peor es que al final arrastro ese agotamiento hasta el fin de semana. Es muy triste que el domingo me pase la tarde entera pensando “Joooooo, mañana lunes… YA NO TENGO UN RESPIRO HASTA EL VIERNES”. Y solo pensar eso me deprime un montón. Así que le voy a poner remedio a eso. Mañana mismo le voy a decir a mi monitora que, a partir de ahora, me voy a tomar los miércoles libres para hacer un descanso entre semana. Así puedo aprovechar ese día para hacer la compra, tomar una caña con Enma y hacer tareas básicas de maruja… De esa forma llegaré al fin de semana más descansada y pudiendo salir a tomar algo porque este más libre. Solo de pensar eso ¡¡ya veo la semana de otra manera!!

Y por supuesto, a partir de ahora se acabó lo de estar todo el día hablando de lo mal que está mi pierna. Por lo que a mí respecta la tengo perfectamente: puedo andar, salir de fiesta y lo que me dé la gana, porque la tengo fuerte y estable (y me lo voy a repetir todo el día, hasta que sea verdad). Por eso, hoy he decidido ir al tercer tiempo andando sin usar las muletas. Porque las he colgado detrás de la puerta y no pienso volver a cogerlas.

Y todo gracias a Javi, que me abrió los ojos el sábado.

Bueno… primero me abrió las piernas, pero luego me abrió los ojos. ¡Creo que ha sido el polvo más provechoso que he echado en mi vida! Bueno… o mejor dicho: “Han sido LOS polvoS más provechosoS que he echado en mi vida”.

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