En ese momento justo entró el lobito en el gimnasio y pasó por nuestro lado para ir al vestuario. Al verme posando mientras subía las pesas con las piernas, me dijo:

  • ¿Te has propuesto tener para verano las piernas de Elle Macpherson?
  • No. ¡¡¡Las de Cristiano Ronaldo!!! —Le guiñé un ojo, y me sonrió mientras seguía su camino—.
  • Prffff. Ay madre… este pobre no sabe dónde se acaba de meter… —Dijo Enma, una vez que el lobito estuvo fuera de nuestra vista—.
  • ¡¡Pero no seas exagerada!! ¡Si no le he dicho nada!
  • Ya, claro… ¿Y a qué ha venido lo de guiñarle el ojo?
  • Ay, chica… Pues yo qué sé… Me ha salido sin querer… Lo hago muchas veces… Solo es un guiño. Tampoco pasa nada por eso, ¿no?
  • Menuda asaltacunas estás hecha…
  • Oye oye… Que aquí de momento nadie ha asaltado a nadie, ¿eh? Que yo estaba aquí a mi bola tranquilamente… haciendo mis ejercicios sin meterle fichas a nadie… y ha sido él solito el que ha venido a hablarme.
  • Ya… Como siempre…
  • ¡Pues sí! ¡Como siempre! ¿Qué culpa tengo yo de que se me acerquen los yogurines? Yo solo me dejo hacer, pero son ellos los que empiezan… Como Javi, el boxeador, o como con el yogurín aquel del rugby “cosecha del 90”. ¿Sabes quién te digo?
  • Sí. Al que vimos el primer día que fuimos al rugby y tenía un culo como para partir nueces.
  • ¡Ese, ese! Pues que sepas que aquel también fue él solito el que me entró en la discoteca.
  • Claro claro… Como dirían en mi pueblo: “Es que se me tiró el conejo a la escopeta”…
  • Jajajaja. Pues sí, lista. Me acuerdo que se me presentó y luego me dijo que nos pidiéramos una cerveza a medias. ¡Más mono…! Jajaja. ¡¡Pero fue él que me hizo todo el lio!!
  • Ya. Y a ti que te costaría mucho dejarte…
  • No no, no me costó nada, eso también es verdad… ¡Pero porque me engañó! Cuando se me presentó me dijo que tenía cuatro años más de los que de verdad tenía —Dije gesticulando teatralmente y poniendo cara de total indignación— ¡Tía, qué fuerte! ¡¡Me engañó para aprovecharse de mí!!
  • Bueno, mira… Lo que me faltaba por oír, jajaja.
  • Oye… que es verdad, jaja.
  • ¿Quieres decir que si llegas a saber que solo tenía veinte años, no te lo hubieras tirado igual?
  • Sí… Pero lo mismo le hubiera puesto más cariño al asunto…
  • Jajajaja. De todas maneras, yo sigo diciendo que el lobito me parece demasiado crío…. Porque aquel otro aunque fuera un yogurín, es verdad que aparentaba ser más mayor y además era un tiarrón… pero es que este… se nota que es un chavalín de veinte años… si llega… porque según habla a veces dudo hasta que tenga dieciocho…
  • ¿Pero cómo puedes ser tan exagerada? ¡Tiene más de veinte fijo! Pero tú quédate tranquila, que yo por si acaso, antes de que pase nada con él, le pido el DNI para que no haya problemas…
  • Mejor, porque no me apetecería tener que ir a visitarte a la cárcel.

En estas estábamos cuando el lobito salió del vestuario y volvió a pasar a nuestro lado. Como yo todavía seguía en la misma máquina, me dijo:

  • ¡Ay madre!… —dijo Enma—.
  • Jajajajajajaja. ¿Ves? Para que luego digas que soy yo…
  • No no… En este caso está claro que él solo se ha metido de lleno en la boca del lobo…
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