Animada por mis avances, esta semana mi hermana también ha empezado a hacer las rutinas del BBG.

Hoy me ha escrito para decirme que no para de acordarse de mí, porque le alucina que con lo duros que son los ejercicios, yo sea capaz de hacerlos, cuando a ella le cuesta horrores y tiene unas agujetas desde el lunes que casi no siente el culo… y eso que ella sí que va bastante al gimnasio y está bastante más en forma que yo (cosa que no es difícil, teniendo en cuenta que yo antes el único ejercicio que hacía prácticamente era estirar el brazo debajo del sofá si se  me caía alguna palomita de maíz).

Lo que me ha chocado de la conversación es que me ha recordado que cuando se fue a vivir a Madrid y fui a visitarla la primera vez, yo tenía las rodillas todavía tan mal que tenía que ir con muletas.

 

Fue la época en la que había vuelto a hacer tai-chi y me estaba empezando a recuperar, así que había ratos en los que podía andar un poco sin muletas pero me costaba mucho, me cansaba enseguida y solo podía recorrer trayectos cortitos a pasitos pequeños. Así que siempre llevaba las muletas debajo del brazo, porque tarde o temprano (solía ser más bien temprano) tenía que echar mano de ellas.

La siguiente vez que fui a Madrid, ya no llevé muletas, pero aún así iba andando por la calle siempre a pasitos cortos, despacito y con auténtico pánico a que me empujaran y caerme. Creo que no he estado más estresada en toda mi vida que en aquella época. Ni siquiera me atrevía a ir en metro porque no soportaba las aglomeraciones y como al no llevar muletas ya no me cedían el asiento, si no había sitio y tenía que quedarme de pie ni siquiera era capaz de sostenerme con el movimiento.

 

Y poco a poco, a base de hacer tai-chi mis rótulas se realinearon, mis piernas se estabilizaron… y aquí me tenéis, haciendo los ejercicios de Kayla del BBG sin ningún problema. 💪💪💪 Bueno… con el problema de que estoy a punto de echar el hígado por la boca, pero quiero decir que sin más problema que otra persona cualquiera, jajajaja.

A Rodri le hace mucha gracia porque muchas veces, cuando estoy sentada en la cama o en el sofá, me doy besos en la rodilla. Al principio siempre que lo hacía me preguntaba si me dolía o algo, y yo le respondía que no, que le doy besos porque la quiero mucho. Ahora ya se ha acostumbrado y cuando me ve hacerlo, simplemente sonríe.

Y es que, aunque digan que solo valoramos la salud cuando no la tenemos… creedme que cuando te has pasado casi un año sin poder andar pensando que te vas a quedar coja para toda la vida, es difícil que se te olvide. Y aunque hoy ha sido mi hermana la que me ha recordado de aquella época, yo no dejo que pase ni un solo día si dar las gracias por tener el privilegio de poder andar. 😊😊😊