Si hay una cosa que me cabrea en la vida es que cuestionen mis afirmaciones. Como por ejemplo cuando digo que en el colegio era el orco de clase, la empollona repelente a la que le encantaban las matemáticas y jugar al ajedrez, la gordita de gafas incapaz de dar una voltereta en clase de gimnasia, la niña que cuando salía del colegio llegaba a su casa y enterraba la nariz en un libro porque no tenía amigos…

No hay cosa que más me joda que me digan “¡Que exagerada eres! Seguro que estabas estupenda!”

Pues tomad documento gráfico al canto.

evolucion-sandra adolescente fea

¿Qué? ¿Exagero o no exagero?

Tengo que reconocer que es verdad que desde aquella época hasta ahora me he sometido a dos operaciones de cirugía: en el 98 me operaron de una rodilla y me la dejaron bastante más fea de lo que la tenía antes… y este año me han operado de la otra dejándome una cicatriz de 18 centímetros todavía peor que la de la otra, jajajjaa.
El resto fue una evolución progresiva.

Fotos correspondientes a los inicios de curso de los años 1993 al 2000

Tengo que decir que aún así nunca tuve ningún problema de auto-aceptación ni de seguridad en mi misma.

Supongo que al vivir constantemente con la nariz encerrada entre los libros aprendí a ver la realidad desde el punto de vista de muchas personas diferentes a la vez. Por ejemplo, nunca he conseguido entender cuando una chica decía “Pero ¿cómo le voy a gustar a ese chico, si Miriam es mucho más guapa?”. Y yo pensaba “¿Acaso el tío que te gusta a ti es un Dios? Si tiene aparato y la cara llena de granos… ¡Y aún así te encanta!”

Veinte años más tarde veo que entre mis conocidas el problema sigue siendo el mismo. Da igual lo estupendas que estén (hay auténticos bellezones llenas de complejos), que a la hora de tontear con un chico que le guste piensan “¿Por qué le voy a gustar yo si hay chicas más jóvenes? ¿O más guapas? ¿O más listas? ¿O con las tetas más grandes?”.

Y es que es curioso como muchas veces las personas con la que somos más crueles son con nosotras mismas, y nos medimos por un rasero mucho más exigente de lo que somos con el resto.

Así que: metamorfosearos queridas. Pero metarmofosead vuestra actitud por dentro, vuestra seguridad en vosotras mismas y vuestra actitud… porque seguramente lo bueno que tenéis por fuera ya lo estén viendo los demás… y vosotras seáis las últimas en enteraros ;-)