Aprovechando que esta semana me estoy recuperando de la astenia primaveral y empiezo a tener más energía, he empezado a hacer todas las cosas que tenía pendientes.

Un síntoma de que ya estoy volviendo a mi ser es que el otro día vi la papelera que tenía en el salón, y como desde que pinté el mueble me parece que no pega nada, ya no me dio ninguna pereza agarrar las brochas y pintarla de un color que quedara más en consonancia con los nuevos tonos de mi salón.

 

Para pintarla usé la misma técnica que para dar color a las mesitas hechas con cajas de fruta que tengo en mi habitación: poniendo en un recipiente barniz mate y añadiendo unas gotas de tinte negro para pintura (en este caso eché muchas más gotas que para las mesitas, ya que quería oscurecer bastante el color original).

 

 

Es verdad que es un poco coñazo pintar el mimbre por la cantidad de recovecos que tiene, pero al final es menos de una hora y luego ¡¡¡la ves bien todos los días!!!

Y es que, fijáos si habré estado grave para estar viendo la papelera de un color que no me gusta, y no ser capaz de agarrar la pintura y darle tres pasadas… con lo poco que me cuesta a mí pintar, y lo mucho que me cuesta estar viendo cosas de colores que no me gustan. 😂😂😂

Compartir:

Dejar un comentario