Ayer empecé a pintar el mueble de mi salón, que hasta ahora estaba así:

 

En realidad no es un mueble, sino dos diferentes: uno estaba en esta casa cuando vine, y otro que traje yo. Lo que pasa, es que como son del mismo color y van por módulos, los he podido poner juntos y no se nota demasiado.

 

Ya que los voy a pintar, les voy a unificar los tiradores, porque cada uno tiene los tiradores de una manera y es lo que más hace que se note que son muebles diferentes:

 

Como si vacío los dos muebles a la vez no tengo sitio en el salón para meterlo todo hasta que termine, he decidido vaciar primero uno, pintarlo, esperar a que se seque, volver a colocarlo todo dentro, y luego hacer lo mismo con el otro.

El otro día compré en Leroy Merlin una pintura a la tiza (o chalkpaint) porque todo el mundo habla maravillas de ella y tenía muchas ganas de probarla. Concretamente he comprado tres botes de esta:

 

Mi idea es darle un aspecto envejecido, porque tengo en el salón un mueblecito que me regaló Maira hace un par de años por reyes, que me gusta mucho… y quiero darle el mismo estilo.

 

Normalmente para dar un acabado envejecido lo que se hace es pintar primero del color oscuro, luego dar la pintura clara encima y retirar con una esponja mientras está fresca, para que se vea la pintura de debajo y quede el aspecto envejecido. Pero yo no estoy dispuesta a perder tanto tiempo pintando dos veces, así que lo voy a hacer al revés: pintando de blanco y luego dando encima brochazos más oscuros.

Para poder hacer diferentes tonos (y no tener que comprar veinte pinturas diferentes) he comprado nogalina (tinte de color nogal), y un barniz mate para darlo encima y protegerlo un poco.

 

Después de quitar los pomos, tapar los agujeros y proteger los cristales con cinta de carrocero (que es un coñazo porque, parece que no, pero solo en hacer eso ya se tarda un huevo), me puse a pintarlo… y lo hice a brochazos desiguales, porque en mi caso no tengo interés en que la pintura quede uniforme porque la idea es que quede desigual.

 

Mi veredicto sobre la pintura a la tiza: de momento no le veo la ventaja sobre cualquier otra pintura para pintar muebles: agarra igual, cubre igual… y eligiendo el color blanco, el acabado es también prácticamente igual. De hecho, sin querer le he dado un golpecito a una de las tablas después de pintada.. y he visto que también se salta exactamente igual que el resto de las pinturas.

Yo personalmente no  veo porqué tanto revuelo con ella porque a mí no me ha descubierto absolutamente nada nuevo. Se supone que la principal ventaja es que agarra en cualquier material sin tener que dar imprimación, pero eso lo hace cualquier pintura BUENA. De hecho, yo ya os dije que la pintura que usé para pintar el pasillo, agarraba y cubría perfectamente en el plástico, como por ejemplo el que puse para tapar las cajas de los contadores… Con lo cual, si quisiera, podía haber pintado con ella también este mueble y me hubiera quedado cubierto y con un acabado mate EXACTAMENTE IGUAL.

 

El caso es que a media tarde ya había terminado de pintar todo el armario por dentro y por fuera. Y tengo que decir que aunque todavía esté a medias, porque me falte envejecerlo y darle un toque más cuqui, ¡¡¡YA ME ENCANTA EL CAMBIO!!! No parece el mismo mueble que antes ni de coña.

 

Tenía la intención de haberme puesto a darle el acabado envejecido por la tarde… pero me llamó mi amiga Olga para decirme que acababa de llegar a Valladolid y que si quería quedar a tomar unas cañas con ella… y, por supuesto le dije que sí, porque en esta vida hay que tener claras las preferencias, jajajaja. Así que me marché de casa dejando todo el salón patas arriba.

 

Esta tarde hemos vuelto a quedar, así que no creo que avance mucho con el mueble, porque antes tengo que hacer los ejercicios del BBG, porque ayer entre unas cosas y otras, me lo salté… y no quiero empezar a escaquearme de mis propósitos de año nuevo inmediatamente después de habérmelos propuesto, jajaja. 😉

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